Los colores negros del dado verde

Por Jerónimo Gómez Ruiz

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (primera parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (2)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (segunda parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (3)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (tercera parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (4)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (cuarta parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (5)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (quinta parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (6)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (sexta parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (7)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (séptima parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (8)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (octava parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (9)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (novena parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (10)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (décima parte)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (11)

Escritura, prestidigitación, azar y coincidencia (onceava parte)


Jerónimo Gómez Ruiz

Jerónimo Gómez Ruiz dice haber, una mañana, al salir de la “sinagoga de los escritores”, tras apurar en un restaurante, ubicado entre carpas, unos huevos a la mexicana y un jugo de nopal, leído su propio nombre entre las páginas, su propio nombre entre los libros.