José Alfredo y el amor

…y que a veces me siento poeta
 y vengo a cantarte mis versos de
amor

I

No es raro que la canción ―como subgénero lírico modificado hasta lo que hoy entendemos como canción― haya sido la forma musical-poética que adoptara el pueblo para sus creaciones, pues se trata de una poesía ligada desde sus inicios al tema amoroso. Si bien la poesía amorosa ya existía desde la antigüedad, recordemos algunos Cármenes de Catulo, es con Francesco Petrarca y con su Canzoniere que alcanza una de sus grandes cúspides, pero en los siglos de separación entre Catulo y Petrarca surgió una revolución en la concepción amorosa que empapó todo el mundo occidental y que mantendremos todavía, me refiero al llamado amor cortés. Hoy sin importar el género musical al cual pertenezca, la canción continúa desarrollando el amor como uno de los ejes temáticos y, en muchos casos, conserva características de esta corriente medieval. Es por ello que podemos encontrar antiguos tópicos amorosos que prevalecen en las composiciones de índole popular, entre las que se encuentran las de la música ranchera y, en especial, las de José Alfredo Jiménez.

José Alfredo y el amor

II

El 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia Nacional (acaso ya el lugar de origen prefiguraba que él también se transformara en parte de nuestra Historia), nace José Alfredo Jiménez Sandoval; hoy su figura dentro de la cultura musical popular mexicana, ya no digamos circunscrita únicamente en la vernácula ranchera, es insoslayable; muchas de sus composiciones se han convertido en emblemas de lo mexicano, en folklore, cuya influencia se nota no sólo en los ámbitos populares, también en los cultos. En los ámbitos literarios, han sido muchos los escritores quienes han reconocido en José Alfredo una suerte de poeta popular; Rubén Bonifaz Nuño nunca negó su gusto por la canción popular y por el guanajuatense, tanto es así que en su poemario Albur de amor se puede identificar la mixtura de la poesía latina con la canción y el corrido mexicanos.

José Alfredo y el amor Sin embargo, esta mexicanidad que se atribuye a José Alfredo no ha impedido que trascienda géneros musicales y halle destinatarios en otras latitudes, porque a pesar de todo y a diferencia de otras composiciones insignes mexicanas (“México lindo y querido” o “Canción Mixteca”), las canciones de José Alfredo en su mayoría carecen de un referente espacial, un terruño anhelado y añorado; más bien él habla de un tema universal, como lo es el amor.

El repertorio musical de José Alfredo deviene una suerte de afrenta a la música ranchera que se hacía en aquella época, tan proclive a las actitudes de macho y al exacerbado nacionalismo, pues para él todo esto queda, si bien no excluido, en un nivel inferior; el amor, la mujer y el alcohol parecen ser los ejes temáticos de sus composiciones, pero en este caso sólo nos incumbe el primero.

III

El amor para José Alfredo es un sentimiento poderoso, tan vital y necesario como parecería ser, extrañamente, el alcohol, ya que cuando no está embriagado por el amor lo está por el alcohol. Pero el amor que manifiesta José Alfredo está muy emparentado con el que los trovadores le profesaban a sus amadas en la antigüedad. Comparemos las canciones del cantautor con la retórica cortesana. Dennis de Rougemont en El amor y Occidente nos da los puntos importantes del amor cortés que asimismo se registran en las canciones de José Alfredo.

  • El cautiverio suave: “tú sabes que mi alma / vivó entre tus brazos / la historia de amores que tanto soñé…” (“Amor del alma”).
  • El “dardo de amor” que hiere sin matar.
  • La “salvación” del amor: “me encontraste en un negro camino / como un peregrino sin rumbo y sin fe / y la luz de tus ojos divinos / cambiaron mis penas por dicha y placer…” (“Paloma querida”).
  • La pasión que “aísla” del mundo y de las personas: “Vámonos donde nadie nos juzgue / donde nadie diga que hacemos mal; / vámonos, alejados del mundo, donde no haya justicia / ni leyes ni nada, nomás nuestro amor” (“Vámonos”).
  • La pasión que deja a todo el mundo descolorido.
  • Quejarse de un mal que, a pesar de todo, se prefiere a toda alegría y a todo bien terrestre.
  • Deplorar que las palabras no revelan el sentimiento “inefable” que sin embargo hay que decir: “No encontré las palabras precisas / pa’ decirte con mucha pasión / que te quiero con toda mi vida…” (“Serenata sin luna”).
  • El amor que purifica y rechaza todo sentimiento vil: “Llegó tu amor / cuando la luna de mi cielo no brillaba, / llegaste tú cuando pensé / que en mí ya no quedaba nada” (“A tiempo”).
  • El querer del amor sustituye al querer propio: “Por eso que ya mi vida, / toda te la entrego a ti…” (“Cuando sale la luna”).
  • El “combate” de amor, de donde hay que salir vencido: “…soy un esclavo de tu corazón” (“Serenata sin luna”)
  • El amor considerado como el conocimiento supremo: “Y ahí juntitos los dos / cerquita de Dios, / será lo que soñamos” (“Si nos dejan”).

El guanajuatense recobra una tradición, la revive permeada de ciertas “modificaciones”, pues hemos visto que no todos los puntos son abordados; quizás ésta recuperación hace que sus composiciones sean altamente aceptadas en distintas partes, sobrepasando su “mexicanidad” y haciéndolas atemporales. Él no habla desde una colectividad sino desde lo personal, lo intimista; José Alfredo Jiménez habla desde un YO que por extraño que parezca se convierte en un NOSOTROS, tal vez por eso se convirtió (o mejor dicho nosotros lo hemos bautizado) en el vocero de las lamentaciones, de las ínfulas del abandonado, y de las borracheras provocadas por el amor.

 

Por Raúl Reyes

 

José Alfredo y el amor

Escrito por La Mascarada

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