Conversación II
Bordeamos en silencio
la blanca costanera.
Tan sólo nuestros pasos:
latidos negros sobre las piedras.
Hubiera querido decirte que
contarte los
cuando mis manos se
Hubiera podido mostrarte mi
donde golpeaba la
mientras sangraba por
Te dije:
“Qué sereno está el río, ¿no?”