ALGO ASÍ SOY
El tiempo acorrala a tramos
Pero me aferro a la totalidad de la cosecha.
La existencia se divide en dos:
lo que sucede y olvida conmigo dentro, al interior
de las ventanas,
y lo que se ignora o profetiza a través de las ventanas.
Yo que soy pasado, pero ala hacia más tarde, veo lo que miro
y alcanzaría a sobrevenir en los paisajes de futuro.
Soy llama que se apaga en tanto se aviva, como tantas y tantas.
Pero hoy por hoy, sinfín de claridades
vienen a mí o de mí y repercuten en todos.
Algo así soy, como ir y venir, pasado, presente,
momento y futuro,
de los acontecimientos intuidos de siempre y de mañana.
CUALQUIER RINCÓN
El tiempo desperdicia sinfonías de matices
sobre el mar, tiñe inútilmente de rojo
el plancton de todos los atardeceres
y amaneceres.
No hay alegría mayor ni mayor tristeza
que esas rutinas que nos enrolan siempre,
desde el camarón encantado hasta los ojos
de Gabriela.
En tales cotidianos crepúsculos compartidos,
del día a la noche, de la noche al día,
mi sangre participa, y recuerda tantos y tantos
colores de tales instancias, que se deja tremolar.
Sol parte, parte la noche, a perseguir
sus propias huellas. Y dejan recuerdos olvidados
en cualquier rincón
CIENCIAS DEL FUTURO
No intentaba decir exactamente
eso, lo que dije, y también se me escapó.
Ego queriendo romper algo más que silencios.
Quería insinuar cosas más simples.
El valor de un vaso de agua, por ejemplo,
del Sol aflorando por alguna rendija.
Pero en realidad pronuncié, opinan, en compañía
de los que dijeron cosas, cosas tremendas y
asuntos notables o irónicos con cierto potencial.
Partía del criterio de que la poesía no es simple
copla, ni nada es simplemente lo que es sino
que tiene el tamaño de las alas inmateriales
de la comprensión, y no es solo estrofa leída,
como creen los que menos creen, sino resistencia
imaginaria y material de vuelo.
Se percibe incendio donde hay una flor. Y viceversa.
Debe ser robótica de la hoja o de la Primavera o
traspié en la rama. O de algo peor o mejor
de lo que siempre se nos viene encima.
Fuego crece en todas partes, sin excluir fondos
húmedos del agua y el perfume estremecido que exhalan
los incendios.
Si no se divisa, falla al ojo o resulta que aún
no logra palpar resplandores crecientes del entorno.
Fuego se inflama por su cuenta en ausencia
de fósforos, fósforo es invención de la necesidad o
la penumbra. Fuego es anterior a la mano. No necesita
siempre mano. Mano es a veces asalariada del fuego.
Y cuando es, es decir, relación, contubernio,
resulta gesto acordado. De dedos y manos a cualquier
hora. Hierven estos minutos del tiempo. Fuego entonces,
endemoniadamente, viene del movimiento, del gentío
que demanda llamaradas.
En el Sahara se incrementan dunas que solo
resplandecen en las noches. A veces pájaro es recuerdo,
pero ahora mismo canta en las ramas amanecidas.
Brillos iniciales de cada sol es aún nocturnidad.
Llamarada del fuego suele iluminar
al final de tareas e ideas más desnudas o escuetas.
O irradia sin motivos aparentes chamuscando los ojos.
Faenas previstas para mañana, revivir el ardor,
ahora y esta noche, luego siempre, duermen del otro lado
de la puerta.
Ilusión es otra de las ciencias del futuro.
NOSOTROS MISMOS
Los del Trópico, claro, y los del resto del planeta,
totalidad en uso, usualmente arrastramos pizcas
de mugre sanguinolenta debajo y fuera de las uñas
de las manos y pies.
Y también miradas esquivas para precaver
el Sol. Luz reverbera en el ojo y levanto párpados,
sin entusiasmo, para admirar paisajes más bellos
que la misma hermosura,
pero terriblemente afilados por la claridad.
La piel toda, en tanto, se torna culebra
en control automático, que alarga extremos para palpar
sin regusto la claridad de los encierros planetarios.
Siempre hay tanto desconcierto en pensar,
especular y dar vuelta a los asuntos, en achicharrar
los sesos en cavilaciones y rememorias,
así como algunas constantes indignaciones
que ahondan las cóleras en uso.
.
Y complejos de que estás vejando antiguos
patriotismos. Otra trama amasada a diario: se arrastra
leve certeza que no todo puede andar tan errado.
A la sazón, algo racional y certero brinca al ojo a escrutar
nuevos paisajes de la geografía.
Pienso, ahí, absurdamente, por ejemplo ahora,
negando prudencia alcanzada hace un instante o antes,
al nacer, que casi nada o nada puede ser menos creíble
que lo que pienso ahora de nosotros mismos.
Del yo masivo, ciudadano caminando entre multitudes.
Enfrentamiento constante de lógica e imaginación,
y me retraigo: los siglos de luces y sombras,
y el tiempo mismo, también crea monstruos sin fin. Terribles.
Compatibles, contrapuestos. Con alas crispadas y carrillos
vomitando fuego, humo, viento y rayos encendidos.
Degollando cabezas o acariciando mejillas
medievales o renacentistas o de HOY al mediodía
Por eso, igual, ahora, ahora mismo, imaginación,
nervios y lógica devoran uñas emponzoñadas,
Entretanto, gnosis y sensatez, contrariadas,
se esfuerzan, por enésima vez, en conservarlas al frente
de las manos.