Fahrenheit 451: La reivindicación de un cazador bibliográfico

Fahrenheit 451: La reivindicación de un cazador bibliográficoUn libro clásico suele ser aquél que nunca cesa de decir algo con cierto valor artístico, moral o que contenga alguna filosofía del espíritu. En la actualidad, no podemos decir que ese libro esté devaluado, pero el objeto que llamamos libro, a pesar de nuestras devotas esperanzas, se dirige a la pira del olvido. A fin de cuentas, las políticas de la nostalgia no son alentadoras para el futuro de la literatura.

Fahrenheit 451, reciente versión cinematográfica de la novela de Bradbury, es extraña para los que no conocen al autor; quizá incompleta de personajes y elementos de esencia fundamental para quienes sí. No obstante, la aniquilación y resurrección son conceptos que se clarifican en el film.

Cuando perdemos algo siempre vuelve a nosotros, pero de otra forma. La persecución incansable de los libros, el acto público de incinerar los volúmenes y las identidades de sus poseedores, así como el destierro económico, son las monedas con que se paga la lectura. Algunos incluso prefieren inmolarse… “Una buena razón para vivir también lo es para morir”, preferible a habitar en la tiranía absurda y vejatoria del intelecto.

La rebelión es inminente, necesaria. Inclusive quienes no han tenido un contacto directo con los libros sienten una poderosa atracción hacia esos concentrados y desconocidos paisajes.

Si el tiempo de la escritura y la revisión tiene caducidad, si ese ciclo de vida tiene que expirar irremediablemente, su espíritu se elevará, en la forma de un ave que se libera de su jaula y vuela por el agujero en el techo de una casa que se incendia.

¿Puede alguien cuestionarse su vida entera, sus creencias y su instrucción al leer unas cuantas líneas de Dostoievski?, ¿pasar del subsuelo al baluarte?, ¿o de la oscura y cenagosa indiferencia del pasmo a la introspección? Esto es certeza incombustible.

 
Por Jesús Martínez
 
Fahrenheit 451: La reivindicación de un cazador bibliográfico

Escrito por Jesús Martínez

“Sutiles cuestiones trato, resoluciones graves comprehendo, perfectos libros amo”.

Loading Facebook Comments ...