Cri-Crí y la canción infantil

¿Quién es el que anda aquí?
¡Es Cri-Crí, es Cri-Crí!
Y ¿quién es ese señor?
El grillo cantor…

Tema de Cri-Crí

 

En el prólogo al bello libro de Vicente T. Mendoza (1894-1964), La lírica infantil de México (FCE, 1951), el pedagogo español Luis Santullano (1879-1952) afirma que los niños son los guardianes y los encargados de perpetuar el tesoro folklórico que son las canciones. En este libro, Mendoza recopila y cataloga a su criterio una serie de composiciones anónimas heredadas del mundo hispánico que se repite en boca de los niños mexicanos, con sus variantes, claro está, desde tiempos de la Colonia.

Cri-Crí y la canción infantil

Lo que sorprende no es la ausencia de cantos contemporáneos de entonces y la presencia de otros desconocidos, sino encontrar algunos que parecieran separarse del concepto infantil que plantea el título del libro, como “La Delgadina”, un romance español sobre el sentimiento incestuoso de un padre hacia su hija. Ciertamente, cuando se oye la palabra “infantil”, de inmediato asociamos este vocablo con algo inofensivo, y acaso sensible, que busca resguardar a los niños del mundo violento y peligroso de los adultos. Pero la verdad es que bastantes de estas canciones guardan una historia mucho más oscura o pícara de lo que uno se imagina o canta. Esta característica no es exclusiva del mundo hispánico. En idioma anglosajón existe “Ring a Ring o’ Roses”, cancioncilla que se cree nace como testigo de la epidemia sufrida por Londres, consecuencia de la peste negra:

Ring-a-ring o’ roses,
A pocket full of posies,
A-tishoo! A-tishoo!
We all fall down.

En Francia, “Malbrough s’en va-t-en la guerre”―en español conocida como “Mambrú se fue a la guerra”― igualmente forma parte de un acontecimiento histórico, en este caso el enfrentamiento entre Francia y Gran Bretaña durante la Guerra de Sucesión Española. En el reportorio mexicano de canciones para niños, como en “El gato viudo” de Chavo Flores, y como en el caso de “En el bosque de la China” de Roberto Ratto, la constante se repite.

Cri-Crí y la canción infantil Uno pensaría que esta particularidad estaría en contradicción con el concepto infantil, sin embargo, al echar un vistazo a escritores epítomes de este tipo de literatura, pensemos en Hans Christian Andersen (1805-1875) o Roald Dahl (1916-1990), concordaremos en que sus obras no siguen una línea condescendiente hacia el niño lector, por el contrario, sus novelas y cuentos se alejan de un mundo infantil idealizado, más bien parecieran proponer anécdotas para prepararlos ante las insoslayables querellas y cuitas que la adolescencia y adultez tienen. Esto no es raro si paragonamos con los cuentos de los hermanos Grimm o las fábulas de Esopo, cuyo fin intrínseco era el de ejemplificar a los niños sobre las situaciones o peligros a los que podrían enfrentarse en algún momento de su vida.

Nuestro mejor cuentista infantil, que además es nuestro mejor autor de canciones para niños, Francisco Gabilondo Soler Cri-Crí (1907-1990), supo seguir con la tendencia, pues no buscó complacer con sosas melodías ni rebuscadas letras a su auditorio. En el vasto repertorio que conforma su obra, los cuentos musicalizados de Cri-Crí ilustran muchos aspectos de la vida de los niños mexicanos y aun latinoamericanos. Todo el mundo infantil está representado en esas canciones: eventos trascendentales como ir al colegio por primera vez, “Caminito de la escuela”; hasta algo tan habitual y simple como beber leche, “La merienda”; malestares dentales, “Al perrito le duele la muela;  o andar en bicicleta, “El chivo ciclista”; pasando por el castigo al utilizar un lenguaje soez, “El negrito sandía”.

Si bien las canciones antes mencionadas son ejemplos de lo cotidiano, hay otras tantas con una historia menos dulcificada: “La patita”, “Los tres cochinitos”, “El ropero”, “Di por qué”, “Abuelito” y “La muñeca fea”. En “La patita” y “Los tres cochinitos”, el relato es el de la familia disfuncional y pobre cuyo eje central es la madre, pues, ante la falta o la abulia del padre, la mujer debe convertirse en la proveedora del hogar; Cri-Crí magistralmente trata un fenómeno social de mediados del siglo pasado que aún perdura en nuestros días.  “El ropero”, “Di por qué” y “Abuelito” nos narran, desde la perspectiva infantil, la senectud y la nostalgia de nuestros abuelos, pero también el aprecio por la gente anciana y su experiencia de vida frente a otra que apenas empieza.

Cri-Crí y la canción infantil

“La muñeca fea” sea acaso una de las compasiones más duras de Gabilondo Soler, pues metafóricamente habla de la soledad infantil, pero también del valor de la verdadera amistad:

Tus amigos
no son los del mundo
porque te olvidaron
en este rincón.

Nosotros no somos así.

Te quiere la escoba y el recogedor.
Te quiere el plumero y el sacudidor.
Te quiere la araña y el viejo veliz.
También yo te quiero, y te quiero feliz.

 El resto del repertorio de Francisco Gabilondo Soler es una miscelánea de fábulas lúdicas con personajes variopintos que van desde insectos, animales, brujas e incluso objetos inanimados, “El chorrito” y “El comal y la olla”. Cri-Crí es un heredero evidente de los grandes fabulistas como Tomás de Iriarte, Félix María Samaniego o el mismo Esopo, coadyuvado también, sin miedo a equivocarme, de las lecturas de los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y Charles Perrault. Gabilondo Soler, por ende, sea acaso la principal figura literaria tanto en la poesía como en la narrativa infantil de nuestro país.
 
Por Raúl Reyes
 

Escrito por La Mascarada

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