La memoria de los Vengadores

Yet, by your gracious patience,

I will a round unvarnish´d tale deliver

The Moore of Venice, I,iii

 

Hoy salí muy temprano de casa, es domingo. La poca gente en la calle sigue dormida o no ha dormido en absoluto. Yo camino esquivándolos hacia el colectivo. El conductor me apura con el cambio y bosteza. Deposito algunas monedas en una especie de hidrante empotrado en el piso y busco un lugar. Hay bastantes, son las 7 con 30. En media hora, pensé, estaré sentado hablando sobre artículos de psicología y modelos de educación, o de alguna incertidumbre gramatical, comiendo avena con dátiles.

La clase termina, hablamos de retórica moderna, de neologismos, y apenas nada de sintaxis. Me despido. Caminando por Las flores recuerdo que hoy también es el último día de cierta feria cuyo interés me lleva al Centro Histórico. Realmente es una necedad mía ya que tengo lo que estoy buscando. Un hombre sólo necesita cierto número de mates y bombillas, lo demás es mera ostentación. Tengo uno en la mano,  un cuerno tallado y cortado en la punta por un tapón de una madera desconocida. Cuando termino de convencerme de esa futilidad he llegado. Hay gente formada, ya casi es medio día y el ambiente es intratable. Sólo paso por los stands de comida internacional, devoro una suerte de quesadilla catracha, como un postre natural de Chipre y le tiro el vaso de té a una mujer que pasa corriendo. Le ofrezco mate para compensarla, aunque juzga con desprecio la bebida. Sonrío.

La memoria de los Vengadores

Todos los niños pequeños hablan de la última película de Marvel Studios. Temen que al final mueran sus superhéroes favoritos, están emocionados y a la vez tristes. Los que no la han visto ruegan a los que sí que no digan más. Éstos últimos se divierten inventado muertes y resurrecciones apócrifas, y los más entendidos hablan de no sé qué incongruencias de las escenas finales con los cómics.

A mí me recordó a Shakespeare. Esas referencias pueden ser rastreadas hasta Julius Caesar, en donde la semejanza entre el  Dr. Strange y Brutus, o Thanos y el emperador de Roma, llegan a la cita casi textual.

La película, cuya enredada trama me alejó hasta quedarme cautivado casi exclusivamente por los efectos especiales y las simplezas de Drax, el destructor, es entretenida pero obtusa, da la impresión de una necesidad de ver las otras nueve películas antes de poder llegar al entendimiento. Por suerte, el goce cinematográfico como cualquier otro goce artístico, puede adolecer de la comprensión. Yo disfruté sin entender, reí y lloré hasta las lágrimas, y salí satisfecho de haber disfrutado de dos horas y media de fantásticos escenarios, héroes escandinavos cuyo aspecto, mezcla de ángeles y piratas, hacía suspirar a las mujeres en la sala; sabiendo que el espíritu de Shakespeare puede estar cifrado en cualquier cosa o, mejor dicho, en todas las cosas.

 
Por Jesús Martínez 
 
La memoria de los Vengadores

Escrito por Jesús Martínez

“Sutiles cuestiones trato, resoluciones graves comprehendo, perfectos libros amo”.

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