Akiko Yosano y la poesía japonesa del siglo XX

Akiko Yosano y la poesía japonesa del siglo XXAkiko Yosano fue una de las figuras más destacadas en la literatura japonesa del siglo XX, lo cual puede atribuirse, en gran medida, al tono renovador de sus escritos.

Yosano se desenvuelve en el campo de la poesía, quizá el principal género del arte literario japonés si se piensa en su antiquísima tradición.

El tiempo de esta poeta es el de las vanguardias, un contexto que además coincide con la Era Meiji, durante la cual el país permite la entrada de la cultura occidental. En ese marco, se comienzan numerosas traducciones de poesía europea, lo cual confronta ésta con la literatura nacional, dando pie a la reflexión sobre las estrategias formales y temáticas usuales hasta entonces.

La apuesta escritural de esta mujer logra fundir las formas típicas de la tradición japonesa —en especial el tanka— con los motivos recién llegados de Europa, particularmente del simbolismo francés. Es así que su arte se vuelve algo inédito y por demás sugerente.

Yosano perteneció a un círculo literario llamado Shinshisha (Sociedad de la nueva poesía), cuyos miembros fueron atentos lectores de artistas como Charles Baudelaire y Paul Verlaine. Si ya los citados escritores franceses fueron calificados como poètes maudits, es posible sospechar que, en una sociedad aún más restricta y conservadora, el tono subversivo de la poesía de Yosano, y sus cofrades, se perciba en manera más acentuada.

Uno de los rasgos más recordados de esta poeta originaria de Osaka es su particular manejo de lo erótico y lo sensual. Aunque en la obra de otros integrantes de la Shinshisha, como Daigaku Horiguchi y Hakushu Kitahara, trasluce el sensualismo de los escritores simbolistas, Yosano fue probablemente quien mejor asimiló tal influencia, siendo llamada “poeta de la pasión”. En uno de sus tanka menciona:

 

La primavera es fugaz.

¿Qué me importa una vida inmortal?

Toqué

con las manos

mis senos abundantes.

 

Asimismo, al pensar en Baudelaire —el gran precursor del simbolismo— puede recordarse que su rebeldía y vida bohemia han capturado la atención del público, en muchas ocasiones, incluso con mayor fuerza que su aguda crítica de arte, su tratamiento impecable del verso y su innovador manejo de temas y motivos.

Como paralelismo, a Yosano se le consideraba subversiva por cantar la sensualidad de la mujer en un entorno social marcado aún por valores casi feudales y de supremacía masculina; mientras que a Baudelaire se le tildó de maldito, siendo algunos de sus poemas considerados “ofensas a la moral pública” a causa de alusiones satánicas, incestuosas y abiertamente sexuales. Puede pensarse en cómo Yosano pretende, a la manera de Baudelaire, liberar al arte del corsé moral; la poeta japonesa celebra la belleza de la mujer sin ninguna clase de reparo, incluso si transgrede el tabú de lo religioso:

 

Sin conocer

la sangre ardiente

de un cuerpo tierno,

¿no te sentirás solo,

tú que predicas el camino?

 

Como en el anterior poema, queda manifiesta la preponderancia del instante sobre aquella vida eterna; “el camino” pierde relevancia ante el poder de la sensualidad femenina. Del mismo modo, en la obra de Yosano son numerosas las asociaciones entre la belleza y el pecado, tal como ocurre en este tanka:

 

Pregúntale al poema

quién se atreve a negar

el rojo de las flores…

¡oh, qué conmovedoras

las muchachas pecando en primavera!

 

Akiko Yosano y la poesía japonesa del siglo XX

El pecado se presenta como una condición innegable del ser, más aún, un potente influjo del que no tiene sentido apartarse, pues se revela como otra vía de conocimiento. En estos poemas lo femenino aparece para recordar dicha naturaleza, desestimada con frecuencia.

Empero, Yosano no solamente es cantora de lo sensual; asimismo es persecutora del mundo inasible que, imbricado con la reflexión sobre el acto creativo y el misterio poético, es angular en su obra:

 

Hay un mar en mi pecho
que incluso para mí es desconocido;
en una de sus rocas
se vienen a estrellar todos los barcos
y son vanas mis lágrimas.

 

Aquí, es posible pensar en el espacio ignoto del que proviene el impulso estético, donde los barcos de la razón naufragan, pero los sentimientos en bruto también son vanos para aprehenderlo. El único camino es la alquimia verbal. Para ello, Yosano elige, entre sus instrumentos, la sugerencia de los más profundos y prístinos estados del alma y del cuerpo de la mujer, los cuales eran infrecuentes en la poesía nipona antes de su llegada. Por lo demás, es relevante que el tanka sea la forma discursiva dominante en su obra: un estilo que había surgido para sintetizar, en pocos versos, el caudal emotivo de los amantes luego de su pasional encuentro. Según Stéphane Mallarmé: “Una pequeña pieza de seis versos, un dístico, un verso, pueden ser infinitamente más importantes que el monumento, en muchos volúmenes, de un gran poeta”. La autora japonesa opera buscando esa poesía perfecta capaz de fundir la experiencia de una vida en un grano de arena, o, en similitud con Borges, concentrando “todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’”.

 

Porque mis canciones son breves

la gente cree que atesoré palabras.

Nada he ahorrado en mis canciones.

No hay nada que pueda agregar.

Distinta de un pez, mi alma se desliza sin agallas.

Yo canto sobre un suspiro.

 

La poesía japonesa había cultivado, desde el surgimiento del tanka, esa poética de “concentración”, aunque, con Akiko Yosano, el mecanismo alcanza dimensiones inusitadas.

 
Por Diego Mejía
 

Escrito por Diego Mejía

Italianista, poeta y traductor. Estudioso de Italo Svevo, Matilde Serao, Gabriele D'Annunzio, Honoré de Balzac y Victoriano Salado Álvarez.

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