Maito Gai y la última puerta

Realmente fueron muy pocos los pasajes de la guerra ninja de Naruto Shippuden que valieron la pena. Con posibilidades casi ilimitadas con respecto a las combinaciones de los combates, las historias que pudieron entrelazarse y los pasajes ocultos no develados, la última parte de este anime fracasa rotundamente. Se hace demasiado ostensible ese proceso por el cual, en los tiempos de la novela por entregas, una historia se alargaba en forma absurda derribando edificios narrativos a veces construidos de manera excelente, para dejar en su lugar una obra deforme con tal de ganar unas cuantas monedas más.

Maito Gai y la última puerta

Quizá sea por el gran aprecio que siento hacia este anime que me expreso en los siguientes términos, es decir, con alguna voluntad de destacar sus fragmentos mejor conseguidos en oposición a lo ridículo y malogrado de su última parte conocida bajo el hombre de “guerra ninja”.

Del capítulo 418 al 421, allí donde se da una reveladora conversación entre Naruto y la figura mítica del llamado “Sabio de los seis caminos”, a la vez se rinde homenaje a uno de los personajes secundarios más entrañables de la serie: el inspirador y muchas veces también cómico Maito Gai, quien es, por lo férreo de su disciplina y desbordante pasión, uno de los personajes más similares a Naruto.

Masashi Kishimoto guarda hasta ese momento la historia familiar de Gai, la cual se resume al vínculo con su padre, quien le comunicaría la curiosa idea que da pie a su obsesión por la juventud. Esa tan recurrente “juventud” es un algo que desplaza un periodo temporal bien delimitado y se convierte en un deseo de llevarse más allá de los límites propios, con la conciencia de hacerlo para proteger aquello que se tenga por más valioso.

Maito Gai y la última puerta

Aquel hombre que trasmite a Gai este pensamiento es, como él, y como el propio Naruto, un ninja en un inicio subestimado e incluso ridiculizado por sus pocas cualidades, empero, con una vocación de esfuerzo y sacrificio que rebasa casi cualquier obstáculo. Al amparo de tal modelo, Gai fortalece sus aptitudes hasta que llega a ser capaz de enfrentar a Kakashi Hatake, quien es considerado el genio de su generación. El camino para lograrlo es arduo, pues el personaje se da cuenta de que Kakashi no sólo es un prodigio; también, como él, tiene una enorme disciplina y no cesa su formación. En el marco de un enfrentamiento aparentemente desigual, Gai cree, sin embargo, que aquello que Kakashi no podrá superar es su juventud y menciona “no puede vencerme en esfuerzo”.

Con esa capacidad para enlazar historias y personajes que caracterizó los momentos más altos de la serie, se echa mano del connotado grupo de espadachines de la Aldea Oculta de la Niebla, entre los que se cuenta a Jūzō Biwa, futuro integrante de Akatsuki, para retratar la gesta que da fama al padre de Gai. Acompañado por Ebisu y Genma, Gai emprende una misión en la cual terminan rodeados por el conocido equipo de asesinos de Kirigakure, lo cual equivale a una muerte segura. En ese momento aparece Maito Dai, quien decide ganar tiempo para que su hijo y sus compañeros escapen, lo cual sólo puede conseguir gracias a su única y poderosa técnica, cuya última fase demanda toda la fuerza vital del usuario.

Dicho pasaje es rememorado por Gai justamente frente a Uchiha Madara, pues está a punto de emular el sacrificio hecho por su padre, quien le había dicho que “una verdadera victoria no es derrotar a alguien fuerte, es ser capaz de proteger a alguien que se considere importante”.

 
Por Rafael Díaz
 
Maito Gai y la última puerta

Escrito por La Mascarada

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