Otto Dix: Violencia y pasión

En el Museo Nacional de Arte (Munal) se presenta hasta el 15 de enero la obra del artista alemán Otto Dix (1891-1969), a quien le tocó vivir tanto la Primera Guerra Mundial (1914-1918) como la Segunda (1939-1945) y, por lo tanto, presenciar las vísperas de las guerras, como el periodo entre éstas y el de la Alemania dividida. Muchas de estas realidades serán plasmadas de manera cruda y libre de la hipocresía de una sociedad que en aquel entonces intentaba ocultar lo verdaderamente desgarrador que era vivir momentos llenos de violencia y deshumanización.

La curaduría corrió a cargo de Ulrike Lorenz, directora de la Galería de Arte de Mannheim y especialista en Dix; está compuesta por 162 piezas, entre óleos, grabados, acuarelas, dibujos, pinturas y reproducciones de obras que probablemente fueron destruidas por el régimen nazi.

Los aguafuerte

En los grabados de aguafuerte se entrevé una narrativa de la Primera Guerra conformada por escenarios donde los personajes son soldados heridos o retirados; animales y hombres de guerra; cuerpos colgados y prensados de las púas de las trincheras; hombres a los que sólo un milagro los salvaría de su muerte y que brillan con esa lucidez de la muerte en sus ojos; la deformación del ser; la locura; una nueva especie de hombre cubierto por una máscara de gas –más máscara que hombre– sosteniendo lo que sería gas lacrimógeno y abriéndose paso entre púas que prácticamente se han cosido a la ropa –este nuevo ser parece ser una ironía del superhombre de Nietzsche, del cual Dix era lector.

Otto Dix: Violencia y pasión

En este punto, nos topamos con un aguafuerte especialmente llamativo, La danza de la muerte (1924), en el cual la disposición de los cuerpos entre las púas de las trincheras abandona la realidad para apuntar hacia el espectáculo de la guerra. Con este cuadro, sentí que presenciaba uno de los primeros performance de la historia.

Otto Dix: Violencia y pasión

La posguerra

Aquí el retrato de la reconstrucción de la cotidianeidad de la posguerra: estampas que reflejan la violencia, los cuerpos despojados, la mendicidad de los tullidos, la ceguera, la vida nocturna, los hombres que regresan de la guerra pero sólo para suicidarse, los asesinatos sexuales: mujeres que en el acto sexual serán asesinadas por hombres trastocados del alma ante tanta muerte: un Eros criminal, feminicida, perturbado, baila con Tánatos y ambos rompen la frontera entre uno y otro, perdiendo su esencia.

El equilibrio

Al mismo modo de Kakfa, Otto Dix admiraba a los equilibristas de los circos y sus espectáculos, quizás porque veía en ellos la materialización del mismo esfuerzo que como artista realiza: caminar sobre una cuerda floja o un caballo en movimiento, de los cuales en cualquier momento puedes caer hacia el colapso emocional y la locura. Tal vez lo prolífico de su obra se deba a esa necesidad de narrar el terrible mundo que lo rodea, o en palabras del pintor: “Hay tanto caos en mí. Hay tanto caos en nuestro tiempo”.

El autorretrato

Otto Dix: Violencia y pasión

Se dibuja pintando todo lo que lo atormenta y un detalle iconográfico se percibe en la forma en cómo cruza los dedos índice y medio: al igual que el Cristo representado en el gótico tardío, apunta a una posible herida bajo sus ropas. Esto es confirmado por las venas que sobresalen de sus sienes, mostrándolo neurótico. Además, posee una mirada aguda, crítica y nada inocente con la cual observa la época y a sus habitantes.

Las otras musas

Por último, si bien no toco todos los temas ni salas que conforman esta exposición debido a su extensión, Otto Dix retrató a las otras musas, a aquellas que dejaban atrás el canon de lo bello y lo bueno pero que día a día se topan con la carne y el corazón de Eros: las prostitutas, mujeres con sus pómulos excesivamente marcados y con gran cantidad de maquillaje sobre de éstos, de piel deshidratada y flácida, muchas viudas y de edad avanzada, con los senos al aire sobrepasando lo grotesco. Éste fue el verdadero glamour que se vivía en las calles de la posguerra.

 

Por Levitan Mar

 

Otto Dix: Violencia y pasión

Escrito por La Mascarada

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