Verba volant, scripta manent: Resurrección en la Capilla

Let Nature be your teacher.

She has a world of ready wealth,

Our minds and hearts to bless—

Spontaneous wisdom breathed by health,

Truth breathed by cheerfulness.

 

William Wordsworth

 

Después de los terrores del enamoramiento, de la alta ansiedad que lo flageló, de la definitiva pérdida y el socavón que fue del duelo, entendió que podía escribir sobre ella una vez más.

Intentó escapar de los lugares que hacían que la recordara, apartaba la vista aun cuando sabía que forzosamente el espectacular de su antiguo trabajo lo esperaba. Decidió que la música que otrora escucharon era cursi y poco original. Ya no pudo volver al restaurant donde le dijo “te quiero” por vez primera, pero buscó dónde comer lo que allí se servía. Todos éstos fueron inútiles simulacros de oposición a su voluntad, que le gritaba que no la dejara morir.

Ensayó también el hablar lo menos posible, lo cual sirvió por un tiempo, además, para alejar a la gente. Su carácter locuaz e indiscreto no cambió en absoluto, pero aprendió a callar. Ello fue muy de agradecimiento por parte de sus amigos, quienes ya sabían a detalle la historia de una mujer que costaba creer alguna vez existió.

Resurrección en La Capilla

—Casi dos años ya —pensó durante el largo camino desde casa hasta la calle Benjamín Hill, la joya de la Condesa. —Ojalá sea feliz.

Y el pitido insoportable al abrirse las puertas en Patriotismo lo sacó de sus tenues ensoñaciones. Antes de llegar a la biblioteca del Fondo, temió que su plan para exorcizarse por completo de ella fuera un error. Otra vez el hormigueo en la nuca y la indecisión.

Ya no podría regresar ahora. El poema que había escrito le estorbaba. Incluso en la caja de cartón, donde otra caja, pero de metal, resguardaba las señas de las mujeres que algún día lo quisieron. Ahí, entre la postal de Chile y un corazón morado, cuyos dobleces se abrían para leer a Bécquer. Desde esa oscuridad los versos palpitaban, versos delatores.

El cuento (donde ensambló aquellas musicales sílabas) fue muy aplaudido en el mismo lugar en el que Jorge Luis Borges recibió el primer premio internacional “Alfonso Reyes”. ¿Qué hubieran pensado aquellos gigantes de su obcecado texto? Pues que es muy breve, y la brevedad, según William, es el alma del ingenio. Así de humildoso es nuestro terrible escritor.

Se despidió de Alicia y huyó de las pláticas de sus compañeros del taller. Su misión concluía y ahora podía estar en paz… Hasta que ella volvió. Y, de sus tentativas por recogerse y fingir que apenas le interesaba su regreso, quedó una carta que él mismo me leyó. El estilo de escritura era vago, pero los sitios que describía eran puntuales. Yo diría que era casi tolerable:

 

21 DE DICIEMBRE DEL 2016

Karla adorada:

Hoy pensé en vos.

Mientras caminaba entre las brechas que tienen nombres de animales y plantas que aún no logro memorizar.

Pensé en vos.

Cuando subí por la perimetral en la Ford amarilla y en la radio pasaban una canción con la que hemos reído (y al escribir ésto sonrío también).

Pensé en vos.

Después del recorrido para llevar los candados que se resbalan en la cubierta plástica de las bitácoras y al llenar el registro del kilometraje y del combustible.

Pensé en vos.

En el almacén, al darme cuenta que el hacha necesita al esmeril y a su grito fulgurante y metálico que se dobla entre las tablas de madera.

Pensé en vos.

Cebando el mate de las once.

Pensé en vos.

Cuando la faena termina y el cansancio parece anidar en mi cuerpo como lo hacen las serpientes debajo del río de lava, y el camino hacia la entrada del bosque es larguísimo, y el material es más pesado que nunca, y las botas son anclas en la tierra, y mis ojos casi vencidos creen verte a ti con un vestido negro con flores rojas y blancas y botas flexibles del color de mis guantes de trabajo.

Y de pronto es como si despertara y esa hermosa visión se tornase en las orquídeas que encontramos entre la piedra volcánica.

 

Por Jesús Martínez

 

Resurrección en La Capilla

Escrito por Jesús Martínez

“Sutiles cuestiones trato, resoluciones graves comprehendo, perfectos libros amo”.

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