Poetry slam: un antiguo relato

El poetry slam se ha asomado en la escena de la poesía oral en 1986, debutando en un local underground de Chicago con la actividad del poeta obrero Marc Smith, que, en el intento de hacer agradable una velada de poesía, situó al público frente a una verdadera reformulación de la antigua agonística poética. Un retorno a aquella tradición clásica, en suma, que tiene en el Certamen de Homero y Hesíodo, compuesto por el mismo Hesíodo, el primer testimonio de contienda verbal entre poetas, hasta aquella antigua costumbre ampliamente descrita también por el poeta siracusano Teócrito en su octavo idilio “Los cantores bucólicos”: un rico repertorio de antiguas reglas, como veremos, perfectamente equiparables a las del moderno poetry slam.

El slam implica por lo común a poetas emergentes que, justo como ocurría en ocasión de las antiguas competiciones, se desafían a golpe de versos escritos de propio puño ante un público que los juzga al alzar manos o paletas con puntuación. Los performer se disputan un premio ofrecido por los organizadores y, sobre todo, al estar estas competiciones inscritas en los calendarios de diversos campeonatos nacionales de poetry slam, los ganadores se clasifican a las finales de los respectivos circuitos. Los campeones nacionales participan en torneos continentales y luego en los mundiales.

Por tanto, jóvenes y no tan jóvenes se desafían en cualquier lugar asociado, como plazas, locales under, teatros, librerías, etcétera. En el transcurso de los años esta comunidad, formada por poetas y activos espectadores, ha crecido a tal punto que, en algunos países del mundo, se ha vuelto costumbre pagar boletos de entrada. Esto ha sucedido ya que el palco del slam, abierto como es, toca todos los estilos poéticos, desde aquéllos que reelaboran la tradición hasta otros que se van acercando al rap. Una pluralidad que le permite impactar en el gusto de cada espectador (la palabra slam, de hecho, alude a un impacto) y garantiza, de tal suerte, un alto nivel de aceptación. Sin embargo el dinamismo de un poetry slam depende no sólo de las habilidades performativas de los poetas, sino también, cuando lo hay, de la maestría con la que el MC (master of ceremonies) conjuga la conducción de la competencia y la interacción del público, que no obstante disfruta ya de un rol bastante activo (a diferencia de lo que sucede en una lectura tradicional) en cuanto juez de la competencia y verdadero protagonista de este formato.

El moderno agonista, en resumen, ha dotado de gran frescura a la escena poética contemporánea y ha permitido al público sacudirse la pesadilla de las obsoletas y soporíferas lecturas tradicionales; ha suscitado, asimismo, una revalorización de la poesía oral misma.

Demos ahora un salto a la campiña siciliana del siglo III a. C. y disfrutemos, gracias a Teócrito, el relato de una antigua contienda bucólica o, puede decirse, de un poetry slam entre los poetas pastores Dafnis y Menalcas.

 

Idilio VIII

Los cantores bucólicos

 

Con el bello Dafnis boyero se encontró una ocasión, como dicen, Menalcas que pastoreaba

la grey en los altos montes.

Ambos eran rubios, ambos impúberes,

ambos expertos en el arte de tocar la zampoña y del canto.

Primero Menalcas distinguió a Dafnis y dijo:

“Dafnis, pastor de mugidoras vacas, ¿quieres medirte cantando conmigo?

Yo digo que a placer te venceré cantando”.

Respondió Dafnis con estas palabras:

“Pastor de lanudas ovejas, Menalcas, flautista de zampoña,

no me vencerías ni aunque tu vida dependiera de ello”.

 

MENALCAS

¿Quieres probarlo? ¿Quieres apostar?

DAFNIS

Quiero probarlo. Quiero apostar.

MENALCAS

¿Y qué será, que sea adecuado?

DAFNIS

Yo apuesto un novillo, tu pon una oveja robusta como su madre.

MENALCAS

Apostar una oveja jamás, mi padre es severo

y también mi madre; cuenta a los animales por la noche.

DAFNIS

Entonces, ¿qué apuestas? ¿Cuál será el premio?

MENALCAS

Una bella zampoña que construí yo mismo, de nueve sonidos,

unida con blanca cera;

eso apostaré, pero no lo de mi padre.

DAFNIS

También yo tengo una zampoña de nueve sonidos,

unida con blanca cera.

antier la armé y todavía me duele este dedo,

porque el filo de una caña me ha cortado.

MENALCAS

¿Pero quién hará de juez? ¿Quién nos escuchará?

DAFNIS

Llamemos a ese cabrero de allá,

ése con el perro moteado que ladra a las cabras.

 

Los jóvenes llamaron, el cabrero los oyó y fue;

estaban listos para cantar y el cabrero para juzgar.

Menalcas de la clara voz tuvo por suerte ser el primero;

luego alternaba Dafnis bucólica

canción; así comenzó Menalcas.

 

MENALCAS

Valles y ríos, divina estirpe, si Menalcas,

el flautista, ha entonado algún dulce canto,

nutran su rebaño; si Dafnis viene

con sus cabrillas tenga suerte idéntica.

DAFNIS

Prados y fuentes, dulce verdura, si Dafnis

canta como los ruiseñores,

robustezcan este rebaño; si Menalcas trae

su grey, que alegre goce los ricos campos.

En todas partes es primavera, en todos lados pastura y leche

que brota de las tetas, y las crías se nutren,

donde aparece la bella joven; también por donde sale,

se secan el pastor y las praderas.

Allá están las ovejas, allá las cabras gemelas, allá las abejas

llenan las colmenas, y son más altos los robles,

donde arriba el bello Milón; también por donde sale,

languidecen el boyero y sus vacas.

Macho cabrío, esposo de las blancas cabras, donde más espeso

es el bosque (ustedes, cabritos chatos, vengan a la fuente),

allá está él; ve, con tu cuerno quebrado, y dile: Milón,

Proteo es un dios, y pastoreaba focas.

MENALCAS

No deseo la tierra de Pélope, ni las riquezas

de Creso, ni se me permita ser más veloz que el viento,

sólo quiero cantar bajo esta roca, estrechándote,

mientras observo las greyes, frente al mar de Sicilia.

DAFNIS

El invierno es el mal de los árboles, de las aguas el ardiente estío,

de las aves la cuerda, de las fieras las redes,

del hombre el deseo de una joven tierna. ¡Oh padre, oh Zeus,

no sólo yo me he enamorado; amas tú también a las mujeres!

 

Cantaron de este modo los jóvenes,

Y Menalcas entonó así el postrer canto.

 

MENALCAS

Deja, lobo, los cabrillos, deja a las madres;

no me dañes, pues pequeño pastor cuido a muchos.

Mastín Lampuro, ¿tan profundamente duermes?

No lo hagas, cuando pastoreas con un joven.

Y ustedes, ovejas mías, no teman saciarse de tierna

hierba: no sufran, ya que se renueva.

Nútranse de pasto y leche,

para dar a los corderos y yo lleve en los canastos.

 

Luego Dafnis inició a cantar dulcemente.

 

DAFNIS

Desde la gruta una muchacha cejijunta me vio ayer

al llevar las novillas, y me dijo bello, bello.

Yo nada respondí, ni una hiriente palabra,

pero tomé mi camino con la mirada baja.

Es suave la voz de la novilla, suave el respiro,

suave el mugir del becerro y de la vaca,

suave, en el verano, tumbarse en el campo junto a un riachuelo.

Adornan el roble las bellotas, al manzano sus frutos,

el becerro a la vaca, al boyero sus propias vacas.

Así cantaron los jóvenes, y el cabrero dijo lo siguiente:

“Dulce es tu boca, oh Dafnis, y suave tu voz.

Escucharte cantar es mejor que probar la miel.

Toma la zampoña, ganaste con tu canto.

Y si me enseñas a mí también, mientras apaciento a las cabras,

en recompensa te daré esa cabra sin cuernos,

que suele llenar el odre”.

El joven victorioso daba brincos de alegría,

y agitaba las manos; como un cervatillo alrededor de su madre.

El otro tenía un sentimiento terrible y convulso por el dolor;

tal como se afligiría una nueva esposa recientes las nupcias.

Desde entonces Dafnis se volvió el principal entre los pastores,

y aún adolescente desposó a la ninfa Naíde.

 

(De los Idilios de Teócrito, Biblioteca Universale Rizzoli, 2007)

Las reglas principales del poetry slam, como se evidencia en los resaltados, son las fundamentales de la antigua agonística. Pero una observación de sumo interés surge de la nota introductoria al “Idilio”, según la cual “la victoria, finalmente, sonríe a Dafnis sin que se llegue a distinguir en el veredicto un motivo convincente en un sentido técnico, en el ámbito de las normas que regulan el género de la agonística; el juicio favorable para Dafnis parece ser sobre todo dictado por un genérico apreciamiento de la calidad del performance”. Es justo como ocurre hoy en día: un juicio que se basa no solamente en la belleza del texto, sino también, y quizás especialmente, en las habilidades performativas de los participantes. El poeta contemporáneo confía siempre con más frecuencia en la prosa poética a razón de su inigualable capacidad para llegar en lo inmediato al espectador y, por tanto, de impactar. Sin embargo, puedo testimoniar el haber ganado alguna vez un aguerrido slam en Sicilia, utilizando poemas del mencionado estilo combinadas con breves composiciones marcadamente herméticas: el ensamble nunca puede preverse. Pero es justamente este carácter imprevisible lo que hace tan atractivo el formato, característica, entre otras, que le ha permitido expandir una sólida red poética en tan solo unas décadas.

 
Por Salvatore Randazzo
 

Escrito por La Mascarada

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