La quinta dimensión (tercera parte)

AUTORRETRATO

Se descarrila la vida: subsisto

un peldaño por debajo del último escalón.

Antecedo a mi apariencia. Por detrás deambulo

de casi cualquier poda y tala. Susurran

las instancias oficiales sus venenos legales.

Quedo varado, sin gemidos ni ventana. Sin estribos

bajo tierra. Sin rodillas para hincar.

Sin clemencias que prorroguen las piernas

por encima del pecho. Sin rango residual.

Sospechoso de cualquier transgresión, irreverente

desde el feto.

Estampan ese cuño y archivan, aun cuando antes

asignaron al pecho medallas

y expedientes de comprobadas honestidades.

 

No reflejan los espejos públicos ni el agua civil y

silenciosa del río. No soy mi ultimísima versión.

Mi condición bajó destrezas y varios dígitos, No

estoy en la visión periférica del tuerto.

La disculpa ministerial (a mí es a quien califican

de necio), notifica lo que sigue:

fue abducido

por el pensamiento crítico y mordido

por la víbora popular de las utopías.

ODA A LA DIANA

Hacia donde apunten las flechas, espera-

ré  sentado. Insisto en que no me importa-

ría ser emisario o mediador. Y para

un congreso de la Nación, me brindo co-

mo portero.

 

Los cuatro puntos cardinales,

como sabéis poéticamente, son tres.

Y luego con el tiempo solo dos. Y por fin

en alguna bifurcación apenas uno.

 

Uno es antro que relativamente colinda y

equidista. Aproximación vital. Lejos y

cerca amorosamente de cualquier postura

y opinión.

 

Permanezco en tal paraje limítrofe

y oriundo durante un tiempo,

y rato más tarde me alejo y acerco despa-

cio o prudente, para no verme forzado

al rumbo precipitado, definido, definidor,

que definitiva y bárbaramente

apunte más a ceniza que a incendio.

 

¿Desde esa plaza y ubicación puedo

abrirme a cualquier zodiaco, lenguaje,

comprensión, causalidad y golpe

de dado?

 

Calculo y digo sí y no, tiró

caracoles y me profetizan quizás. Y

reyes de  la baraja dibujan un círculo

de espera en el tiempo.

 

¿La postura no cardinal, no intransigente,

es sin dudas y sin fluctuar,  dubitando,

un espejismo suicida o un reavivar frente

a los espejos?

 

Me colocó sin presunción: inspiración

manual es mi  arma, (preferiría decir ju-

guete), tal vez mellada por rutinas y des-

plantes,

para invocar demonios propios y ajenos.

Los tuyos tercos que son de mí, los per-

petuos míos que son ti.

 

Están, veamos, los cercanos

que me echan  brazos al cuello y

los habituales que lanzan piedras contra mi pecho.

 

Advierto: no obstante mi carácter interme-

diario, quien entre por la chimenea

a apagar ese fuego, deberá estar dispues-

to a salir por ella.

 

Coloco mi pecho sin definir: preferible

estar en la diana: aguardo con un corazón

muy poco rencoroso.

DIENTES RETROSPECTIVOS

Millones de granos

de arenas, muros desmigajados

por catapultas, burbujas

de escarabajos, ballestas que danzan

entre disparos,

hábitos y nociones de imperios muertos,

continúan siendo feroces y

roen talón y emociones.

Pegados a los calcañales como áspid

en seno y clavos en las muñecas,

espasmos quebrados en la hoguera,

como filo de guillotina sangrando

por la nuca, como flechas

clavadas al costado o buitres

descendiendo por sus sombras,

 

caen hacia nosotros

 

y devoran capacidad, anonimatos,

invocaciones, talentos, cronologías,

serpientes y desfiles, así como residuos

de nuestras pisadas en el desierto,

 

sin dejar extremidades ni escombros.

ELOGIO A LAS VANGUARDIAS

A quienes, en cualquier tiempo, retienen y no dejan apagar

amor ni fuego originario. En el asalto esencial al firmamento

apartan dogmas y prejuicios. Y alumbra incendios

con el resplandor de llamas y fragor de las estrellas.

 

Merece elogio quien no es autoritario cuando se le entrega

autoridad. Ni arrogante cuando arrogancia parece ropaje lírico

de jerarquías.

 

A quien resiste cotidianas realidades y renace a diario

en sus propias cenizas. Quien no cree que prestigio y sabiduría

llegan con el cargo. Quien no considera prepotencia y estima

dones de la sencillez, sobriedad y plenitud del temperamento.

 

Alabanza a quien buró y oficina no le contagian burocratismo.

A quienes trabajo de Buró los dotan con nobleza  suficiente

para no contraer e infectar Indiferencias o desapegos.

A quien manejo de riquezas o dinero no lo arrastra

a corrupciones. A quienes consideran ideología el ejercicio

humanista y apego a su propia especie. A quien ninguna

doctrina reduce  su cariño a coterráneos y coetáneos.

Quien enfrenta siempre desvíos del Ego, con la nobleza

de la estirpe y esplendidez de la condición humana.

 

Merece elogios quien no pasó a la banca oportunista cuando

hubo oportunidades.

Quien no convierte en secreto y secretismo cuanto suceso

acontece bajo sus ojos. Y no fue tieso en la chispa

del verticalismo. Repudia niveles y escalas cuando centralismo

copa decisiones.

No teme diálogos ni debates ni críticas. Ni auténticas

autocríticas. A quien no solo escucha sin demagogia           a

población y Pueblo, sino además acepta iniciativas y sátiras,

así como críticos análisis a sus gestiones de gobierno.

A quien no se cree infalible ni todopoderoso, Don Sabio,

infinitamente ajeno a errores de cualquier dimensión.

Quien no quedó pasivo viendo pasar inequidad e injusticia.

Ni calló ni tapó ojos. Ni quedó neutral y asumió riesgos y

esperanzas.

 

A quien abraza con pasión ideas propias y respeta pluralidad

del resto de seres pensantes. Resiste pensamientos únicos,

intolerancias y consignas. A quien no convierte tareas

y responsabilidades en cotos de Poder y Autoridad.

A quienes Poder los pertrecha con ansias de servir a

los demás. A quien no considera que Unidad es consigna

para que el resto coincida solo con él mismo.

 

A quien, en el ejercicio de su cargo, no queda sordos,

ciego o mudo y con muy escasa alma.

A quienes Democracia no significa defenderse a sí mismo.

Y a continuación defender su bolsillo.

A quien vive  convencido de que dinero a su bolsillo

es la peor corrupción del espíritu, fin de cualquier

militancia ideológica.

A quien estima que  ideología se torna corrosiva

e inhumana si arrastra corrupción de conciencia y bolsillo.

 

Lisonjas a trovadores, pensadores, poetas, filósofos y

guerreros que salvan las palabras. Y quimeras y rezos

le inculcan repentinas claridades.

A las buenas personas que inoculan ternura a la vida.

A mujeres y hombres que agregan pasión a la existencia.

A quienes improvisan luz y acarrean de sus invenciones

hacia la sobrevida.

 

A inventores y descubridores de cualquier época,

que al aproximar y distanciar artes y ciencias, ingenios y

existencias, enaltecen la inteligencia. De paso revelan

resquicios e ignorados entornos.

 

A criaturas que echaron a funcionar nariz, ojos, manos, dedos,

y acto seguido agregaron piernas. Al Neandertal que inventó

fuego. Al Cromañón que inventó incendios. Al Homo

que ensayó fogatas y recurrió al resplandor para moldear

lanzas y someter parejo el botín de cacerías.

Al Sapiens que se empinó, en progresión física y mental,

entrevió misterios y enigmas y futuros donde solo parecían

crecer malezas y oscuridad.

 

A quien fue a potro de tormentos y a la cruz, y permaneció

firme en sus denuncias y profecías.

Elogio a quien contempló incendio e interrogó con hermosa

utilidad e imaginación. Fama a quien descubrió unicornios.

A quien invencionó dragones. A quienes abrieron coro y

cantaron hazañas que insuflaron vehemencias a la Historia.

A quien resistió golpe de manzana en la cabeza y salió

despierto a forcejar con incógnitas y supersticiones.

A quien avista relámpagos y explica y renueva universos.

A quien padeció fusilazos y tormentos antes que acallar

intuiciones.

A quienes odio no apagó su amor. Y enfrentó adversario

con afán más de redimir que derribar.

 

A quien enfrenta invasores o iniquidades con solo levantar

opinión o tribuna, oración o barricada, himno, machete o fusil

y la elocuencia indomable de antiguos sueños y utopías.

A quien defiende justicia social con cabeza nítida, erguida

y exponiéndola durante embestidas valerosas. A criaturas

que mantienen vigilia para evitar parpadeo de Iluminaciones.

A quienes construyen a mano ideas y convicciones. A quienes

a diario defienden, apasionados y frágiles, pero sin temor,

propias y ajenas imágenes y conceptos. Loas a mujeres y

hombres buenos renovados y nuevos y magnánimos

de todas las Épocas.

 

Honor a vanguardias que no llevan carné ni cotizan ni reúnen

en ninguna parte. Excepto con multitud  o ciudadano

que reclaman derechos. O solitarios  injustamente empujados

a soledad. A quienes aman sin límites su condición de creador

y activista. Honor a la suma honrada de que ningún beneficio o

mayorazgo aguardan de su circunstancia de militantes.

 

A quienes militan en cualquier doctrina, filosofía, religión o

partido, y luchan a favor de éticas y horizontes prósperos.

Y no perciben para bolsillo sino para conciencia y espíritu.

Y viven íntegros en Humanidad y Tiempo.

Soportan riesgos. Levantando polvo y la voz. En la ideología

suprema de ser mejores. Oidores de cualquier lógica, argumen-

to y razones.

 

Defensores de sabidurías e inmunes a alabanzas.

Compasivos y críticos. Sin soportar yugos ni autoritarismos,

fustigando burocracia con todas las fuerzas del pulmón.

Con frente voluntariosa y cuello fiero, empinado

sobre propias Bondades y Nobleza de la estirpe Humana.

Sobre su Generosidad y Saber. Seleccionando lo mejor

del conocimiento cultural y científico.

 

Apoyado en pensamientos transparentes y rechazando dogma,

a fin de salvaguardar y preservar existencias de vida,

Individuos, Ciudadanos. De pueblos y su propio Pueblo.

Del Planeta Tierra.

Escrito por Félix Guerra Pulido

Poeta y periodista cubano. Ha recibido la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Periodismo José Martí.

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