Nunca estarás a salvo: Joe y sus luchas subterráneas

Nunca estarás a salvo: Joe y sus luchas subterráneasJoe (Joaquin Phoenix) es, como otros mercenarios a sueldo típicos del cine de acción, un personaje cuyo armado psicológico desborda los parámetros del “hombre común”. Nunca estarás a salvo explora con agudeza esta condición. Tal vez sea por eso que se le compara con Taxi Driver; los cuestionamientos y la lucha del ya mítico Travis Bickle. Desde luego resalta también cierta coincidencia temática enraizada en la explotación sexual y sus sórdidos bastidores.

No obstante, atisbo afinidades quizá más significativas con otros films realmente en la línea del llamado cine de acción, pues Nunca estarás a salvo y Taxi Driver no corresponden del todo con esta categoría.

Uno de los motivos principales que rige esta narrativa de Lynne Ramsay es el tiempo, especialmente manifiesto en la cuenta regresiva que Joe realiza en diversos momentos de la película; este gesto es expresión de la ya referida y compleja interioridad del personaje, quien, por una parte, se pone a prueba constantemente con este rito y, a la vez, corrobora su existencia al abrazar de modo tan estrecho la muerte, como también alude a su tortuoso nexo con el flujo del tiempo.

Nunca estarás a salvo: Joe y sus luchas subterráneas

Es posible rastrear una utilización similar del motivo en un personaje de Robert De Niro, pero no Bickle, sino Neil McCauley de Heat; allí, cuando McCauley traba conversación con Vincent Hanna (Al Pacino), ambos se confiesan sus preocupaciones más íntimas por medio de la alusión a lo onírico: mientras Hanna habla de un sueño recurrente en que se encuentra con personas desfiguradas sentadas a la mesa, quienes serían víctimas de crímenes que no fue capaz de resolver oportunamente, McCauley cuenta que sueña en repetidas ocasiones estar bajo el agua y ahogarse siempre, lo cual interpreta como carecer del tiempo necesario para cumplir sus objetivos. La arena del reloj cambia de un lado a otro sin que estos personajes puedan conciliar su curso con las existencias que llevan; si McCauley sabe que sus actividades delictivas lo someten a esa prestidigitación en que el timing debe ser absolutamente preciso, so pena de muerte, el mercenario interpretado por Phoenix advierte esa misma amenaza: la posibilidad de ahogarse en cada misión que lleva a cabo, y, a manera de antídoto, es él mismo quien se anuda la corbata de cáñamo, cuenta hacia atrás y comprueba si aún es capaz de lidiar con sus temores y continuar vivo.

Asimismo, en este film hay un juego muy inteligente entre lo que se muestra y lo que se oculta: de lo que basta con nombrarse para causar resonancia en el espectador. Esto es, en fin, uno de los mecanismos que estructuran y dan consistencia a la película; el ejemplo más evidente es la relativamente poca violencia explícita, pero puede advertirse también en el uso de la banda sonora; en la radio, está a punto de sonar “Livin’ on a Prayer”, pero nunca lo hace, pues quizá basta la ironía del paratexto con respecto a la escena que está a punto de acontecer. Puede pensarse también en la pelea de Joe con los matones que vienen en busca de Nina (Ekaterina  Samsonov), la cual concluye con el protagonista trenzando a su agresor con una llave que lo liquida, lo cual se observa a través de un espejo roto.

Nunca estarás a salvo: Joe y sus luchas subterráneas

Nunca estarás a salvo ganó en Cannes los premios a mejor actor y mejor guion. Cuando me enteré de ello, fue intrigante para mí el que se le prestase tanta atención a un film que parecía, por la forma en que se promocionaba, una película de acción. Empero, al revisar con más detalle este trabajo, vuelve lo que ya había anticipado, se trata de un film con elementos del género, pero también del noir y otras fuentes, con diversos homenajes que no dejan de ser significativos, pero también con una forma atípica de narrar.

Del mismo modo, para rematar, un deslinde claro del cine de acción está en consonancia con ese vaivén de lo mostrado y lo sugerido: el estilo de lucha de Joe, acorde con su pasado en el ejército, no requiere amplias escenas de combate, lo cual compagina con la sobriedad del film, y ciertamente extingue la necesidad de un artista marcial estilo Jean-Claude Van Damme, cuyas complicadas rutinas ejemplifican los núcleos de otros action film  ―también concordaría con esta función la vertiginosa escena del tiroteo en la citada Heat―.

Joe es una figura sumamente efectiva en la época de los antihéroes, lo cual consigue por sus guiños a McCauley, Bickle, Paul Kersey y otros, aunque a la vez retoma el legado de ciertos personajes más clásicos; se une, por ejemplo, a John Rambo en el desastroso porvenir, social y psicológico, al que se enfrentan los retornados de la guerra.

A fin de cuentas, lo más impresionante es ese entramado donde los recuerdos del protagonista alternan con las percepciones de sí mismo, sus miedos y obsesiones, pero no sólo eso, pues dicho submundo psíquico está unido de forma indisoluble a lo presente. La proeza técnica del film está justo en la borradura de esos límites.

 
Por Rafael Díaz
 
Nunca estarás a salvo: Joe y sus luchas subterráneas

Escrito por La Mascarada

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