Amante por un día: Amor y libertad

Amante por un día: Amor y libertadUn corredor luminoso sirve como primer cuadro de esta narración; una pareja camina y opera un cambio de espacio. En consecuencia con el título, se muestra a los amantes entrelazados en el sexo; un íncipit que funciona a modo de pacto, pues lo sensual, y el complejo tejido que supone casi cualquier relación amorosa, dictan el ir y venir del film, los trayectos de los personajes.

Se trata de una historia donde poco ocurre, y justamente por eso, es tarea más sencilla dotarlo todo de significación. Mencioné ya el trayecto, pues, por medio de éste, se articula en gran medida el relato: se ve siempre a los personajes andando rumbo a algún sitio donde sea posible asir sus deseos, o bien, refugiarse de la tempestad amorosa. De esta forma ocurre la llegada de un personaje fundamental de la película: Jeanne (Esther Garrel). Ella es la hija del hombre que se ha visto en la primera escena, el profesor de filosofía Gilles (Éric Caravaca), quien vive con su amante Ariane (Louise Chevillotte).

Tales amantes, poseen como centro esa vida en pareja que han iniciado, sin embargo, su intento por conservarlo es constantemente sometido a prueba.

La película de Philippe Garrel es un reflejo de actualidad, ya que muestra cómo muchas personas tratan de conciliar el proyecto de la pareja en un marco donde, a la vez, la libertad es el valor más preciado.

A causa del guiño que el título regala, al ver L’Amant d’un jour he recordado otro film francés de hace algunos años: Reines d’un jour. Ambos, a su manera, dibujan lo efímero, lo conflictivo y lo humano que rige nuestras dinámicas de hoy en día. Los reveses y los triunfos están a la vuelta de la esquina para todos; permanecen al alcance de cualquiera que no abandone definitivamente la mesa de juego.

 
Por Rafael Díaz
 
Amante por un día: Amor y libertad

Escrito por La Mascarada

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