Alguien como yo: Espejo y extrañeza

Eine wen iigAlguien como yo de Xavier Koller narra la historia de Kari, y lo hace literalmente desde su origen, pues el film se inaugura con una lluviosa noche que significa el nacimiento del protagonista. El médico que ayuda a su madre a traerlo a luz pregunta si el infante tiene ya nombre, la madre asiente y el sujeto le dice que sería mejor que no lo tuviera. Este íncipit parece esbozar la historia de un individuo de características extraordinarias (para bien o para mal). Nada más lejos de la realidad, Kari es un hombre común con aspiraciones similares a las de cualquier otro, y una historia que narrar con la que otros tantos podrían identificarse. Sin embargo, como él mismo lo refiere “la historia más feliz es también la más triste”.

Nuestro protagonista nace con labio leporino y la malformación termina por obsesionarlo, pues aunque está dotado con un gran humor, un espejo insalvable lo cuestiona: la mirada del otro le preocupa, la mirada de aquellos otros que le impiden desenvolverse a sus anchas y hacen que se cuestione acerca de su propia identidad.

He dicho que Kari es un hombre común, pero que expone temas universales aunque complejos,  Alguien como yo traza dos líneas principales: la percepción propia y el amor, dos elementos que desde luego han de entrelazarse. En este primer rubro el protagonista recuerda un poco a personajes de Luigi Pirandello como Mattia Pascal o Vitangelo Moscarda, también marcados por anomalías físicas con las que lidian en forma diversa pero que resultan punto de partida o al menos ayudan (en el caso de Mattia) a configurar esa sensación de extrañeza ante el espejo.

Esta obra de Xavier Koller recurre a materiales clásicos, como el mencionado espejo, el amuleto, el idilio truncado por la diferencia de clases, entre otros. Kari es el típico hombre humilde pero que ejerce su oficio con maestría (es barbero), es el mejor en lo que hace y aún más importante: divierte a sus clientes. Esa capacidad, esa virtud verbal es lo que hace que una mujer hermosa y de elevado estatus pose sus ojos en el barbero; Kari es un tipo carismático de principio a fin, y que se encarga de divertir a todo el mundo (por momentos incluso parece que quisiera romper la cuarta pared con sus bromas).

En resumen, Alguien como yo, es un film de maneras clásicas, cuya operación funciona perfectamente (como reloj suizo); uso correcto de la analepsis, traza a un personaje entrañable que hace reír y llorar, un romance con idas y venidas con la tensión adecuada. Una obra que plantea preguntas que a todos nos interesan.

 
Por Diego Mejía
 

Escrito por Diego Mejía

Italianista, poeta y traductor. Estudioso de Italo Svevo, Matilde Serao, Gabriele D'Annunzio, Honoré de Balzac y Victoriano Salado Álvarez.

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