Tosca en Bellas Artes

ToscaCartelEn el recinto más apropiado para escuchar una ópera de esta magnitud, en el Palacio de Bellas Artes, una breve temporada de Tosca (1900) de Giacomo Puccini inaugurada el 26 de noviembre finalizó el día 6 de este mes.

Tosca es producto de la brillante colaboración entre las geniales mentes creativas de Giacomo Puccini, Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Dicha convergencia inicia con Manon Lescaut (1893), luego de las dificultades que Puccini tuvo al intentar colaborar con otros notables personajes del panorama artístico italiano del siglo XIX como Marco Praga (hijo del artista scapigliato Emilio Praga) o el propio Ruggero Leoncavallo (amigo y rival del compositor de Lucca a causa del incidente de La Bohème de 1896) para la confección del libreto. Tampoco debe desestimarse la figura mediadora de Giulio Ricordi que siempre encontró la forma de zanjar las diferencias creativas entre los miembros del brillante tridente (las cuáles no fueron pocas, debe decirse).

En forma análoga, la producción en Bellas Artes tampoco estuvo exenta de ciertos contratiempos, pues algunos roles fueron reasignados poco tiempo antes de que las fechas dieran comienzo, siendo el más significativo el cambio de Dante Alcalá, quien habría de dar vida a Cavaradossi, pero que finalmente cedió este honor a Héctor Sandoval y Carlos Arturo Galván quienes alternaron para encarnar al amante de Floria Tosca.

Con respecto a la protagonista, ella también gozó de dualidad al ser interpretada en algunas fechas por la mexicana Violeta Dávalos y en otras por Svetla Vassileva, soprano búlgara que se ha presentado en otras importantes sedes como New National Theatre Tokyo o el legendario Teatro Regio di Torino. La puesta en escena con Vassileva fue la que yo tuve el placer de apreciar, y considerando que en las obras de Puccini el femenino es el que lleva la batuta, la interpretación de Floria Tosca resultaría crucial. En mi opinión, el talento y la pasión de Svetla conjugaron con un cuidado vestuario en el que destacó el elegante vestido de Tosca en su entrevista con el barón Scarpia, pero sobre todo, los encargados de prestar voz al barón y al entrañable Cavaradossi quienes permitieron que se cristalizara ese juego que Bernard Shaw definía como el asunto del melodrama: un tenor y una soprano que desean ir al lecho amoroso y un barítono que buscaba impedirlo.

A propósito de los personajes de Tosca, puede recordarse que Puccini fue fascinado por el elemento temático del artista, y si esto ya se había explotado brillantemente en La Bohème, en Tosca la pareja de amantes, pintor y cantante vuelve a aparecer y recuerdan un poco a Marcello y Musetta de la mencionada obra pucciniana. Durante la encarnación en Bellas Artes de este clásico del repertorio operístico mundial, Tosca y Cavaradossi nos ofrecieron varios pasajes llenos de belleza y lirismo gracias a una muy buena interpretación y a una gran compaginación con los personajes, la cual trasluce en el canto y en la gestualidad de los intérpretes.

Esta versión para Bellas Artes se enfrentó a ciertos recortes de presupuesto, que a mí parecer, apenas se reflejaron en la obra, en la cual se apreció una scenografia aunque no fastuosa, sí correcta y que cumplió con esbozar un espacio sugerente para que la acción narrativa se desenvolviera. Especialmente de mi agrado fue la morada del barón Scarpia.

Además de los protagonistas mencionados, los responsables fueron, en la dirección musical Srba Dinic director titular de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes quien ya ha trabajado en otras obras de Puccini, como por ejemplo La Bohème del año pasado en el Auditorio Nacional, donde Luis Miguel Lombana estuvo también como director de escena. Laura Rode es para Tosca la directora de escenografía, mientras que Tolita y María Figueroa se hicieron cargo del vestuario.

 
Por Diego Mejía
 

Escrito por Diego Mejía

Italianista, poeta y traductor. Estudioso de Italo Svevo, Matilde Serao, Gabriele D'Annunzio, Honoré de Balzac y Victoriano Salado Álvarez.

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