Carlito’s Way: Un retorno maléfico

Carlito’s Way: Un retorno maléficoCuando se conjuntan Al Pacino y Brian De Palma —con armas y droga de por medio— creo que resulta un poco difícil no pensar en Scarface (1983), así hayan pasado 10 años. En Carlito’s Way (1993), Pacino nuevamente encarna a un criminal latino —dejando un poco de lado la ambigüedad del término—, aunque esta vez no se trata de la ambición sin límites, de la voz del deseo que es imposible acallar, pues Carlito Brigante esgrime una perspectiva de vida sutilmente distinta.

El film traza el tema del retorno, el cual conlleva nuevas posibilidades, apunta a la esperanza. Habrá que decir que se trata de un drama; este trabajo de De Palma abre con una escena de prolepsis en blanco y negro que nos muestra a Brigante en camilla y enceguecido, cuestionándose, hablando para sí y dando pie a que experimentemos el deseo de conocer su historia.

El tiempo narrativo de este relato es aquél del consabido flashback que rememora la importancia de nuestras vidas justo antes de morir. Por lo que puede atisbarse, estamos por presenciar la historia de un hombre a quien el destino ha sujetado ferozmente. De allí que Atrapado por su pasado —como fue conocido el film en español— no esté exento de lógica como título alterno.

Carlito ha logrado evadir una condena de 30 años en prisión gracias a su abogado y amigo Dave Kleinfeld (Sean Penn). Tal circunstancia se convierte en un lazo sumamente estrecho entre los amigos, pues Brigante considera que literalmente le debe la vida a Dave.

Una vez vuelto a la circulación todo pareciera indicar que Brigante regresará a las andadas, cuando menos así lo cree Kleinfeld, empero, el exconvicto sólo desea trabajar lo suficiente para acumular cierta suma que le permita participar en un negocio limpio. Desde aquí nos es lícito sospechar que esa tarea no será tan fácil como suena y que los esfuerzos de Carlito podrían tener similar destino a aquéllos de Sísifo.

El personaje interpretado por Pacino es una especie de celebridad del bajo mundo neoyorquino, apenas ha vuelto a su barrio y no puede evitar ser reconocido y casi laureado. La impronta de esta especie de legado se manifiesta en la escaramuza que debe librar —como he dicho, recién salido de prisión— para mantenerse con vida. Carlito Brigante parece un nombre cuyo sello de fama y sangre es imposible disipar.

Justamente un personaje al tanto de la reputación de Carlito será crucial en este relato, un mafioso de poca monta llamado Benny Blanco, quien llega al bar que Brigante administra a fin de juntar fondos para su nueva vida.

Blanco es doblemente repugnante para el protagonista, pues, por una parte se trata de un novato que quiere codearse con una leyenda como él, sin respeto alguno por las jerarquías; escandaloso, bravucón y zafio —como se muestra en su arrebato con el champagne—, en segundo término representa el mundo del cual quiere desprenderse y, a decir de algunos, Blanco incluso tiene similitud, por su voluntad de ascenso, con Carlito. Un reflejo y una otredad poco halagadores.

Otros personajes del film son también interesantes, además de Brigante y Kleinfeld está por ejemplo Lalín (Viggo Mortensen), anterior asociado del protagonista, quien a su vez ha logrado salir de las rejas y cuya pasada amistad enfrenta a Carlito con un presente hostil en el que ya no parece haber sitio para un hombre como él.

A lo largo de la película son numerosas las constataciones sobre el contraste entre los viejos tiempos y los días que corren. A pesar de los diversos intentos de Brigante por rescatar los restos del naufragio —como su relación con Gail (Penelope Ann Miller)—, él mismo sabe que, en el fondo, no hay lugar al cual volver.

 
Por Diego Mejía
 

Escrito por Diego Mejía

Italianista, poeta y traductor. Estudioso de Italo Svevo, Gabriele D'Annunzio, Honoré de Balzac, Luigi Capuana y Victoriano Salado Álvarez.

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