Cinefilia: Sobre La razón de estar contigo

Cinefilia: Sobre La razón de estar contigoTodos los que hemos tenido perros quisiéramos tener un modo de hacer que nuestra historia se conozca, porque sencillamente el nuestro siempre será el mejor y el mundo debería saberlo, por eso resultan tan emotivas las cintas sobre cánidos, más bien sobre las relaciones hombre-can; basta recordar algunos ejemplos como Hachiko, Siempre a tu lado o Marley y yo. El discurso emotivo suele llenar la cinta pues se apela al recuerdo y al cariño que tanto humano como perro tienen, el cual se ha de romper porque ellos suelen morir antes que nosotros y a fuerza de ser sincero La razón de estar contigo mantiene ciertos aspectos de esta línea temática algo repetitiva pero siempre eficaz.

El filme abre con la constatación de que los perros, de alguna manera, reencarnan, siempre como perros pero en distintos tamaños y colores, una especie de karma en el canis lupus familiaris que lo lleva a ser consciente de su existencia y a preguntarse, cuando no se le atraviesa una distracción más importante (comida, juguetes, otros perros y un larguísimo etcétera), cuál es la razón de que esté en este mundo, por qué vuelve al juego de ser cachorro, jugar, crecer y morir y la epifanía no ocurre sino que se construye: tiene una misión.

En una de sus vidas, la conciencia canina que narra, recae en un red retriever quien, tras no ser vendido por el criador, escapa y deambula por una carretera hasta que un par de hombres lo encuentran y suben a una camioneta con intención de venderlo. El retriever es encerrado en la camioneta y se comienza a sofocar por el calor hasta que Ethan, quien va con su mamá, lo escucha y rescata. Después de algunas discusiones con su padre, Ethan se queda con el perro y lo llama Bailey. A partir de ahí Bailey se hace inseparable de Ethan y lo acompaña mientras va a la preparatoria, cuando tiene su primera novia, cuando su futuro deportivo se trunca y él cae en depresión… Bailey siempre trata de animarlo hasta que, cuando Ethan está en la universidad, el tiempo de partir llega.

Cuando estamos con la lágrima escurriendo, el narrador reencarna en Ellie, una hembra de pastor alemán que es entrenada para búsqueda de narcóticos y de personas en la policía, así que su vida cambia porque ahora tiene un trabajo. Ellie intenta no sólo ser la compañera de su dueño sino que intenta mostrarle su afecto. En una misión de rescate por un caso de secuestro Ellie recibe un disparo cuando salva a su compañero y nuevamente esa vida se le va. Así, Bailey pasa por otra historia más en donde ayuda a su dueña a superar la timidez con las demás personas. Su dueña se casa y forma una familia, tiene hijos que juegan mucho con él y con el paso del tiempo, nuevamente se despide.

Para cerrar, Bailey reencarna una vez y tras las vidas y experiencias pasadas logra encontrar el camino a la granja donde vivió con Ethan cuando él iba a la universidad. Lo encuentra ya no como un joven sino como un hombre. Tras quedarse fuera de su casa toda la noche, Ethan decide adoptar a ese nuevo amigo, aunque no sabe que es el mismo Bailey. El can logra que su dueño regrese con su antigua novia de la preparatoria quien regresó a vivir cerca de la granja, ellos se casan y entonces, al encontrar un viejo balón con el que solía jugar, Ethan descubre a su “boss dog”.

El filme puede no ser una historia demasiado novedosa, pero sí nos permite salir del cliché de la mascota que muere y que nos hace llorar por más de media hora. El hecho de poner al narrador en el can y hacer que sea éste quien busca su porqué, da un giro, por mínimo que sea, muy agradable. Los perros, las películas y sus combinaciones siempre serán un éxito, esta vez creo que no fue la excepción… aún con el intento de boicot que algunos pretendieron y luego fueron desmentidos.

 

Por José Manuel Díaz

 

Written by José Manuel Díaz Alvarado

Hispanista hasta las cachas, ergo editor y corrector: intratable. Comer, dormir, leer, escribir… En ese orden. Escribo por nece(si)dad; uno no puede callar o abstraerse del debate si ha de mantenerse cuerdo. No creo en la pedagogía, en las plazas comerciales, ni en la ley de la atracción.

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