Coco Chanel y la liberación femenina

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Para empezar, me parece pertinente remitirnos al concepto de liberación; el cuál según la RAE expresa “la acción de poner en libertad”; libertad es, a su vez, “la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Por lo tanto la liberación consiste en el derecho de manifestar los pensamientos y ponerlos en práctica, con responsabilidad y sin una censura previa.

A través de los diseños y la vida de Gabrielle Chanel se encuentran distintos signos, y si bien no todos evocan el concepto de liberación, la mayoría expresan la simplicidad, la comodidad y lo pragmático, resumido en la frase “menos es más”. El nombre de Chanel es, en el mundo de la moda, el equivalente a Charles Chaplin en el cine.

La diseñadora francesa logró transmitir a sus creaciones la significación que tenía sobre la libertad. En un inicio comenzó abogando por la libertad de movimiento para, después, tal vez sin querer, conseguir una liberación social e incluso sexual.

Gabrielle Bonheur Chanel nació el 19 de agosto de 1883 en el pueblo de Saumur, Francia, en medio de una sociedad con una división muy marcada por las clases sociales, la cual se acentuaba con la vestimenta. La ostentación equivalía a lujo y lo simple del vestido remitía a la pobreza. Desde pequeña sufrió la discriminación por pertenecer a una clase social baja y pasó gran parte de su vida buscando el reconocimiento.

Durante los primeros años de su juventud trabajó, al lado de su tía Adrienne, en una prestigiosa tienda de telas y accesorios, para luego recibir encargos personales. La moda de entonces consistía en mantener los arreglos lo más recargado posible, cosa que Chanel siempre detestó.

Ella mostraba su desprecio a la moda de principios de siglo, su ostentación le parecía absurda y exagerada, mientras que consideraba la simpleza y sobriedad como algo elegante.

En 1909 Gabrielle Chanel monta su tienda de sombreros con el apoyo de Étienne Balsan y Arthur “Boy” Capel, con la que empezará a comercializar sus diseños para un grupo selecto.

Los sombreros creados por los couturiers parisinos de la época eran descomunales y saturados de encajes, cintas, plumas, frutas y flores; el peso causaba una gran incomodidad y horribles migrañas a las mujeres que los portaban.  En cambio, la diseñadora solía utilizar sobrios sombreros de paja que se veían elegantes y originales.

Se trataba de situar la estética sobre la comodidad y el bienestar físico de la mujer. Pero con el primer cambio que realiza Chanel, las clientas tenían libertad de movimiento y visibilidad, además de que se ahorraban los malestares físicos.

Gabrielle era una asidua de las carreras y cuando iba, vestía sencillos trajes sastre de falda, sin corsé, los complementaba con camisas blancas, corbatas de lazo negras y un canotier.

El ideal de la belleza femenina estaba representado por la forma “de S”, o sea, de pecho erguido y abundante, caderas anchas, cintura muy afinada y glúteos exagerados. Esta figura se lograba gracias al deformante y doloroso corsé, que apretaba los órganos internos y cuyo complemento ideal eran las faldas largas y ajustadas, el pelo recogido sobre la cabeza en complicados peinados y los mencionados sombreros enormes y adornados con encajes, frutas o plumas. La actividad física que podía desarrollar la mujer era mínima, lo que la convertía en un simple objeto decorativo.

Si tomamos estos paradigmas, y los unimos en dos cadenas para compararlas, tenemos en un enunciado lo siguiente:

  • Canotier • camisa • falda • saco • corbata ≡ libertad de movimiento.
  • Corsé • falda • sombrero ≡ Sin actividad física.

La comparación de las dos cadenas sintagmáticas es clara, la primera le permite a la mujer un estado de libertad, mientras que la segunda impide muchos movimientos para quien porte el corsé tan apretado y el gran sombrero. La segunda cadena sintagmática oprime tanto la figura física de la mujer como su figura social. La mujer era usada para ostentar la riqueza de sus maridos y condenada a ser un modelo de ornato, como ya sugerimos.

Además de esto, Gabrielle también logró la adaptación del pantalón masculino al cuerpo femenino. Esta oposición remite al sexo y al cuerpo. El vestido femenino puede absorber casi todo el vestido masculino, que se contenta con rechazar algunos rasgos del vestido femenino —androginia— (Barthes, El sistema de la moda). Un hombre no puede llevar faldas mientras que una mujer sí puede llevar pantalones. Eso se debe a que el tabú del otro sexo no tiene la misma fuerza en ambos casos: existe una prohibición social sobre la feminización del hombre (de nuevo seguimos a Barthes).

En abril de 2011, la semióloga argentina Lucrecia Escudero presentó en México una ponencia magistral dentro del V Coloquio de la Asociación Mexicana de Estudios de Semiótica Visual y del Espacio. Ahí mostró algunas conclusiones de una investigación que hizo sobre Chanel con el propósito de descubrir las formas del vestido de la mujer.

Los hallazgos fueron que el modelo de la vestimenta femenina había utilizado fundamentalmente dos triángulos enfrentados: el de la falda y el de la parte superior del cuerpo. Y que, ofreciendo un diseño novedoso y atractivo para los nuevos estándares del cuerpo y el rol femenino, Chanel cambió la figura geométrica. Comenzó a diseñar vestidos más parecidos al rectángulo, propio de la vestimenta masculina, que al triángulo. La campaña fue un éxito rotundo, a tal grado que la marca despuntó como uno de los máximos referentes del mundo de la moda.

Así fue que con su pensamiento liberal, sin ataduras, rompiendo los paradigmas anteriores y creando nuevos, Gabrielle no sólo cambió la manera de vestir sino también de vivir. Una variación de vestido va acompañada de una variación de mundo y viceversa (El sistema de la moda). Por ejemplo, las mujeres y su vestimenta, durante la Belle Époque, eran completamente diferentes a las del siglo XX.

A Coco Chanel le gustaba sentirse cómoda y ligera, por lo que fue sentando las bases para una revolución sin precedentes en la moda femenina. El auge de su estilo contribuyó de modo notable al movimiento de la liberación de la mujer.

 
Por Lucía Ocaña

Escrito por La Mascarada

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