Las novelas juveniles tienen el propósito de incentivar la lectura en ese público, con historias entretenidas que conecten con la audiencia. Pero, a veces, este tipo de obras tienen poco de juveniles y no encajan con el contexto latinoamericano. La pinche chamaca, ganadora del XVI Premio Nacional de Novela y Poesía “Ignacio Manuel Altamirano” 2021, rompe con los estándares de esta categoría con una historia de una joven con escenarios chilangos.
Nacido en Ciudad de México, en 1986, Enrique Ángel González Cuevas es maestro en Filosofía por la UNAM, profesor de la Universidad Rosario Castellanos en la Licenciatura de Humanidades y Narrativas Multimedia, ganador del Premio Nacional de Cuento Corto “Agustín Monreal” 2015, por su libro Metafísica de las costumbres, y del premio “Ediciones Digitales Punto de Partida” con su novela La Reina Valera.
Ana es la protagonista de La pinche chamaca, ella cursa la preparatoria, pero carga con un enorme dolor, ya que su mamá está en calidad de desaparecida. Dicha situación hace que se adentre en el mundo detectivesco, misma afición que comparte con su colega Lucio.
Un día, en la prepa, Cecilia le pide ayuda a Ana, ya que su hermano Raúl desapareció. La protagonista acepta, y es en ese momento donde vemos el trasfondo del personaje; percibimos las actitudes de Ana, vemos los escenarios donde vive, lo que siente. Hay una gran construcción del personaje, y a través de ella se está retratando nuestra realidad, nuestra vida diaria.
Lo mágico de la novela es que no solamente vemos el caso de Raúl desde la perspectiva de Ana, también desde los ojos de Tyson (compañero de la prepa), de Lucio, de Patricia (la prefecta). Cada uno apoya a su manera, y ayuda también a entender el mundo que se nos construye dentro de la prepa, la corrupción y la violencia que se viven. Es ahí cuando nos damos cuenta de que las palabras nos están hablando, es algo que conocemos, que experimentamos; en los personajes recordamos a nuestros compañeros de prepa, porque no faltaba el mamado pero feo, la chica tímida, el friki, el chaka, la prefecta buena onda, etcétera, y cada uno cargando con sus propios problemas. De igual forma están los escenarios fuera de la escuela —los comerciantes hacen una atmósfera como si estuviéramos en casa mientras leemos—.
El lenguaje usado, aunque es muy pulido, también expresa el contexto social del que estamos hablando. Entre groserías y malas palabras, la lectura se vuelve ligera, hace que transitemos con ella, nada de palabras extravagantes. Patricia encanta con sólo leerla, utilizando la palabra “pinche” cada vez que puede (de ahí sale la expresión “pinche chamaca”), retrata a una persona con autoridad, pero vulnerable ante la situación, porque ella está ahí dentro de toda la corrupción.
En ocasiones la vida narrada de algunos personajes queda opacada por la de la protagonista, pedimos a gritos acabar con el párrafo para seguir con Ana, pero puede ser una buena forma de mantenernos sumergidos en la historia, que es una gran novela de detectives.
El autor mencionó, durante la presentación del libro en la Universidad Rosario Castellanos, que la escritura en la obra pasó por muchas fases, hay personajes que nunca salieron y es cierto, no son tantos, y eso hace que fluya mejor la historia. Enrique dijo allí que no le gustan los héroes que ya están destinados a serlo, esa idea queda marcada desde un principio con Ana.
La novela es un gran trabajo literario, con elementos deliciosos y enriquecedores. Aunque el autor afirma que no le gusta meter ideologías a sus escritos, habrá quien le haga un análisis respecto al tema. Algo que rescato es que te puede motivar como joven a hacer algo bueno por el mundo, a ser alguien bueno. Esto genera que la obra sea difícil de olvidar y que formemos un gran cariño por los personajes y por la historia misma.
Por Ntsee Vázquez