Antimuseo del espíritu: De la haraganería

Una de las bellas artes es la haraganería. Es un estado de dominio absoluto en que la mente ha logrado administrar con fino recelo aquello que no hará. Los primeros aventureros juzgaron que el mar era tan extenso que prefirieron quedarse tumbados sobre la arena. Ya partirían los galeotes, el mar seguiría ahí.

El haragán instauró un imperio que va de su carne para adentro. Ha olvidado el mundo porque se dio cuenta de que ahí no queda nada por hacer. Servil exclusivamente con su propio cuerpo, convoca a sus energías para levantar un templo inamovible. Lúcido, sabe que el fin está próximo, y ha resuelto atrincherarse en el centro de sí mismo.

Contemplar la punta de sus zapatos, apedrear los pájaros que van a fisgonear a la ventana, es ahora su más implacable tarea. Firme a no moverse hasta que el imperativo fisiológico lo obligue, es el único que ahí, deshojado a lo largo de cualquier superficie que lo aguante, ha aprendido el noble ritmo con que se hace frente al tiempo.

 

Por Leopoldo Lezama

Written by La Mascarada

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