Violación

Desparramada sobre el campo de maleza, con los ojos cerrados, esperó a que el violador terminara de hacer “lo suyo”. El olor a alcohol le provocaba náuseas. Podía ser cualquier de los hombres del pueblo, a la fecha, todos bebían, todos violaban, todos hedían.

Nueve meses después le nació el tercer hijo bastardo. No sería el último. Ella continuó con su rutina de lavar, planchar, cocinar, fregar y olvidar.

 

Por Gabriela Guerra Rey

 

Escrito por Gabriela Guerra Rey

Escritora y periodista cubano-mexicana. Reside en México desde 2010. Autora de "Bahía de Sal", premio Juan Rulfo a Primera Novela 2016 (Huso, España, 2017 y Huso-Hiperlibro, México, 2018). Recientemente publicó "Luz en la piel. Cinco voces de mujer" (Huso, España).

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