Abrojos y Rimas: Enrique Solinas

RÍO DE LA MEMORIA

Con el padre íbamos a pescar al río,
eran tiempos lejanos y violentos,
como ya sabrás.
Los peces desaparecían y nadie
era capaz de preguntar por ellos.
Yo prefería bañarme en el río,
que el río me abrace, me atraviese,
entrar en su cuerpo, con la certeza
de que nadie se baña dos veces
en las mismas aguas.
El padre pescaba y luego,
devolvía al río sus peces.
“Cada cosa en su lugar”,
decía el padre,
“lo que viene del agua,
al agua debe ir”.

Con el padre íbamos a pescar al río,
había peces de colores diversos,
como ya sabrás.
Yo tenía siete años y me creía pez,
compartía con ellos
un ritual incomprensible.
Había uno que siempre aparecía
y tenía el color de la esperanza.
Había uno que siempre se mostraba
y de repente desapareció.

Lo buscamos por toda la eternidad,
lo buscamos, lo buscamos
a lo largo y a lo ancho del río.

 

Nadie quiso decir en dónde estaba.
Nadie pudo explicar
adónde van
los peces cuando mueren.

Y todavía hoy,
que ha pasado el tiempo,
cierro los ojos y recuerdo,
y me sumerjo en las aguas,
otra vez.

Viene hacia mí de nuevo
el pez de la esperanza.

Voy de nuevo hacia él,
como la única verdad posible

EL MONJE

Me mira y sonríe

porque es la primera

y última vez

que nos veremos,

y tal vez nos volvamos

a encontrar

en otra vida,

en otra historia,

donde quizás

yo sea un monje

que repite su fe

y él,

un turista nuevo

en esta tierra de misterio.

 

Aprendo en silencio

de su actitud,

la humildad del que sabe

mirar el viejo mundo

con los ojos nuevos,

ah, antiguo

amigo y renovado,

te miro a la cara

y me inclino ante vos,

y rezo.

 

Rezo por todos los atardeceres

que nunca llegaremos

a mirar.

 

Rezo por nuestras palabras

que hacen el amor,

aunque no se entiendan.

 

Shanghai, una mañana de verano

MUJER EN EL CAMINO

a Esther Cross

 

Por el sendero que conduce

del campo a la ciudad,

una mujer lleva en sus brazos

un animal herido.

Camina como puede bajo el sol,

–ella, que nada tiene–,

le viene a pasar esta desgracia

con su única posesión.

 

El animal se deja llevar,

sabe que la mujer

lo ama como a un hijo.

No escuchará un lamento

ni un ladrido de su boca;

para no molestar,

el perro,

cerrará sus ojos y dejará

que el sueño gane esta vez.

 

Llega pronto, mujer,

los que te observamos

es lo único que queremos.

 

Atraviesa con tu luz el verano,

el bosque del silencio,

que el agobiante sol

no consuma tus fuerzas

ni te deje caer en la sombra.

 

Tu amor puede más

que toda la tristeza,

que toda la injusticia,

que el dolor.

 

Porque hay algo tuyo

en el corazón

de ese animal herido.

 

Porque hay algo de ese animal

en tu cuerpo,

que te ayuda a vivir.

 

Abrojos y Rimas: Enrique Solinas

Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969)
Escritor, docente, traductor, investigador y periodista cultural. Publicó Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El Lugar del Principio (1998), Jardín en Movimiento (2003), Noche de San Juan (2008), El gruñido y otros poemas (2011), Corazón Sagrado (2014), Barcas sobre la zarza ardiente (2016), The way time goes and others poems (Antología poética, USA, 2017), Escrito a fuego (Antología poética, USA, 2017), Le grognement et autres poèmes (Antologia poética, París, 2018) y 时光就这样流逝 (Antologia poética, Shanghai, 2017). Ha obtenido numerosas distinciones y becas, entre las que destacan el 1er. Premio Nacional Iniciación Bienio 1992/1993, de la Secretaría de Cultura de la Nación y la Beca de Residencia Shanghai Writing Program 2014, otorgada por el Gobierno de China a través de Shanghai Writing Association.

Escrito por La Mascarada

Loading Facebook Comments ...