El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

Más que un cómico, es uno de los más completos artistas de la historia del cine. Convergen en él dos figuras: uno fue el hombre, el ser humano, con las virtudes y defectos propios de la especie, asimismo fue el mítico Charlot, personaje que no solamente se dedicó a regalar sonrisas y carcajadas, sino que también mostró su lado mágico y poético al parejo de su crítica social.

Cinco películas para recordar al genio monocromático de pocas palabras, no podría decir que las más representativas, aunque cada una tendría argumentos para serlo, tampoco puedo decir que las mejores o las que más me gustan, pues me quedaría corta. Aquí no habrá mayor o menor, simplemente están ordenadas por fecha a fin de señalar una trayectoria cronológica. Todas ellas son largometrajes y Chaplin figura en los créditos como: actor, director, guionista, productor y compositor (con excepción en este último rubro para The Kid).

 

El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

 

The Kid (1921)

 

Más que con palabras quisiera describir con risas lo que fue ver esta película, aunque la historia es triste yo le quedé a deber a Chaplin mis lágrimas, sencillamente fue imposible soltarlas, bueno, tal vez de risa sí me salieron un par de ellas.

The Kid se comenzó a filmar sólo diez días después de que Charles Chaplin perdiera a su hijo, quien tuvo solamente tres días de vida. Se trata también del inicio de la Gran Depresión y, para colmo, el artista tiene a la crítica encima por su terrible matrimonio con Mildred Harris.

La historia comienza cuando una madre soltera (Edna Purviance) se ve en la necesidad de abandonar a su hijo (Jackie Coogan) en un lujoso auto, asumiendo que una familia adinerada podría criar a su bebé. El auto es robado con el niño abordo y los ladrones abandonan al pequeño en la calle y allí Charlot (Charles Chaplin) lo encuentra. Aunque Charlot hace varios intentos por deshacerse de él, finalmente decide quedárselo. El vagabundo y el niño se abrirán paso por la vida de manera nada legal, pero muy divertida, por los siguientes cinco años.

Es difícil asimilar cómo Chaplin transforma tanta crudeza en una obra tan bella, su vida había girado entre orfanatos y tragedias, cambió el dolor a causa de la pérdida de su hijo, por el empeño y la dedicación para filmar esta película durante nueve meses, repitiendo y repitiendo infinidad de escenas hasta hallar la perfección.

Se dice que el cine mudo y su formato en blanco y negro obligan al espectador a concentrarse más en las imágenes y en la música para entender lo que está pasando. Yo le puedo asegurar que a esta película no le hacen falta palabras, hasta los letreros están de sobra, aunque formen parte de la esencia de este tipo de cine. Aquí la expresividad de los actores no necesita traducción.

 

El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

 

The Circus (1928)

 

Con The Circus Chaplin gana el Oscar por dirección, actuación, guion y producción, mismo que le sería negado y que más tarde intentarán compensar con un Oscar honorífico.

En esta aventura Charlot (Charles Chaplin) es confundido con un carterista y, en otra de sus graciosas huidas, se cuela en un circo donde sin proponérselo se roba el show. Ahí se enamora de la joven (Merna Kennedy) hija del propietario del circo (Al Ernest Garcia), quien contrata a Charlot, pero sin decirle que él es la atracción principal.

No hace falta contar todas las peripecias por las que pasa Charlot, porque la receta de Chaplin le sigue funcionando perfectamente: “Para hacer una comedia sólo necesito una chica guapa, un parque y un policía”.

Algo sorprendente del film es la interacción que Chaplin tiene con los animales del circo, pasando por gato, perro, burro, tigre, león y monos. Me encantaría ver el “detrás de cámara” de estas escenas.

Hay un detalle que llama mi atención en estas películas, ya me había causado algo de estragos con The Kid, pero esta vez me resultó más impactante. Si bien el tiempo en que fue filmada la película está plasmado en la ausencia de sonido y color, también parece patente en el uso común de la violencia hacia niños y mujeres. Los golpes y maltratos que el dueño del circo propina a su hija me hicieron mella en el placer de ver esta cinta. No porque sea algo que ya no existe en la actualidad, sino porque era algo normal, a nadie parecía importarle gran cosa que se maltratara a la chica de esta manera. El padre perdía los derechos de golpearla cuando contraía matrimonio, entonces el derecho de los golpes era para el marido.

En términos de producción fue una película complicada y que no pudo escapar a ese toque trágico que solía acompañar a su realizador. Sucedieron varios problemas y retrasos, un incendio en los estudios, la muerte de la madre de Chaplin, un divorcio más e incluso problemas fiscales. Sin embargo, nada de esto se asoma siquiera en la última película muda de Chaplin. Solamente vemos una secuencia de carcajadas con acentos de tragedia, coloreados en una bella fotografía que representa la difícil vida de los trabajadores de circo. La última escena es preciosa, vale por un triste final y un nuevo comienzo. Tal parece que para Charlot la esperanza nunca muere.

 

El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

 

City Lights (1931)

 

Con el inequívoco mensaje de que “el amor es ciego”, Chaplin comenzó a hilar la historia de esta película, pero parece que también quería mostrar que además de ciego, el amor es mudo. Como bien podría decir mi abuelita “se montó en su macho”, y en pleno auge del cine sonoro, hace una película muda. Al menos los diálogos están en silencio, aunque la película cuenta con algunos elementos sonoros que no hacen más que reafirmar su razón de hacer cine mudo.

City Lights nos muestra al adorable Charlot (Charles Chaplin) enamorado de una vendedora de flores ciega (Virginia Cherrill), quien lo confunde con un millonario. El poco sonido en la cinta es altamente significativo, por ejemplo, el ruido de la puerta de un auto es lo que lleva a pensar a su enamorada que Charlot acaba de bajarse de él, cuando en realidad el auto pertenece al millonario alcohólico (Harry Myers), a quien Charlot salva del suicidio. Este personaje se siente en deuda con él, pero sólo cuando está borracho, pues sobrio se le olvidan sus promesas. Entre el hombre rico y su mayordomo (Al Ernest Garcia) harán pasar las de Caín a Charlot mientras trata de ayudar a la chica.

En esta cinta el efecto del tiempo fue muy marcado, pues hasta este momento fue su película más larga, y con seguridad fue demasiado larga para la época. Para mí no significó un desvío, sólo sentí que ya me había reído bastante y la película no terminaba.

La música es muy peculiar, una sola pieza acompaña toda la historia de amor, “La violetera” de José Padilla resultó ser motivo de conflicto ya que nunca se le mencionó en los créditos, cuando alguien tuvo a bien informarle se llevaron a cabo los pleitos correspondientes.

El final, como siempre, es genial, por la sencilla razón de que pareciera inconcluso, no dice mucho pero al mismo tiempo dice todo, dos líneas de diálogo, el primer plano a las expresiones de los actores para afirmar que el amor es ciego cuando es dulce, pero a la vista puede ser muy cruel, aunque todavía estemos con la sonrisa en la cara.

 

El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

 

Modern Times (1936)

 

Modern Times es tal vez su película con más tintes sociales, aunque él nunca lo reconoció abiertamente. Como su arte nunca necesitó palabras, un par de escenas son suficientes para dar muestra de su postura ante las condiciones sociales de esa época.

Es considerada una película futurista por todos los efectos especiales que incluye, o al menos por todos los adelantos tecnológicos que promete: el circuito cerrado de televisión, la vigilancia electrónica… ¡un Big Brother!

En City Ligths no escucharemos los diálogos de los actores, pero vendrán de altoparlantes, voces a través de la radio, cantantes y sonorización de las maquinas. Charlot seguirá negándose a hablar pero nos regala una canción maravillosa. La voz de Chaplin aparece por primera vez en una película y nada menos que cantando, pero se dio el lujo de cantar en una lengua que no existe, conocida como “charabia”, una mezcla de francés e italiano. ¡Divina!

La chica que lo acompaña esta vez, Paulette Goddard, es de una belleza extraordinaria, me pareció una cara rara para la época y más aún por ese toque salvaje. Charlot como siempre irá al rescate de la bella y desamparada para hacernos reír con sus sacrificios.

Tiempos modernos es una mezcla de cine mudo y sonoro, un adelanto en la tecnología y un grito en silencio frente al aplastante avance de la producción en masa y el abuso contra la clase trabajadora. La escena en donde compara a los obreros con un rebaño de ovejas es icónica, hasta el día de hoy se sigue usando como un reflejo de la sociedad de masas, en donde la oveja negra siempre será la oveja negra, no importa que la tachen de loca.

 

El cine de Charles Chaplin: 5 recomendaciones

 

The Great Dictator (1940)

 

The Great Dictator inició su rodaje a tan solo ocho días del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Con este marco, Chaplin presenta una sátira del nacionalismo de Adolf Hitler. Estados Unidos estaba en una postura neutral hasta ese momento, por lo que la embajada alemana y la misma productora, United Artists, ejercían toda la presión posible para detener la realización de la cinta.

En el periodo de entre guerras, Charles Chaplin interpreta dos personajes: un soldado judío que pierde la memoria después de la guerra, ganándose la vida como barbero, y Adenoid Hynkel, dictador de Tomania. La chica bonita de la película vuelve a ser Paulette Goddard (Hannah), su esposa en ese entonces. Ambos viven en un gueto soportando el racismo y la opresión del ejército nazi.

Chaplin hace una crítica descarada a Hitler y a sus más temidos militares, como con el personaje Garbitsch que alude a Joseph Goebbels y es representado por Henry Daniell. Incluye también en su crítica a Benito Mussolini, interpretado por Jack Oakie como Benzino Napaloni, dictador de Bacteria.

Una película prohibida en toda la Europa ocupada, sin embargo se dice que el mismo Hitler la vio al menos dos veces. El gran dictador se estrenaría en el viejo continente hasta 1958. En España se volvió a censurar durante la dictadura de Franco.

The Great Dictator no puede dejar de ser una cinta llena de anécdotas, es impactante para ser una película cómica, confieso que me reí mucho con ella, pero también me dio mucho trabajo manifestar risas con algunas escenas. En definitiva, no es lo mismo haberla visto antes de conocer los horrores que traería consigo la guerra que después de ella. El mismo Chaplin dijo que “de saberlo, no hubiera realizado la película”.

Se trató de la primera película de Chaplin totalmente hablada. Si tanto se negó a hacerlo en anteriores ocasiones, con esta cinta grita toda su inconformidad hacia el régimen de Hitler. El idioma que Adenoid Hynkel utiliza en sus discursos es un idioma inexistente, fue improvisado por Chaplin con el fin de ridiculizar a Hitler y echar al suelo su oratoria, señalando que lo que dice son palabras vacías, que el público se rinde al ritmo y a la sonoridad del discurso, y no a su contenido.

Todas las presiones para no filmar y no estrenar esta película no disuadieron a Chaplin, al contrario, parece que fue esto lo que más lo motivó para hacerlo. Llegó a afirmar: “La voy a proyectar ante el público, aunque tenga que comprarme o mandarme construir un teatro para él, o aunque el único espectador de la sala sea yo”. The Great Dictator se entrenó en los teatros Astor y Capitol de Nueva York el 15 de octubre de 1940, coincidiendo con la entrada en París de las tropas nazis.

La película fue nominada a cinco premios de la Academia mas no recibió ninguno. A pesar de la proyección internacional que alcanzó el filme, Chaplin nunca se libró de las presiones y acabó siendo una víctima más de la “cacería de brujas”. Expulsado de Estados Unidos el 18 de septiembre 1952, se instaló en Suiza hasta su muerte. Chaplin podría no ser inmortal por sus películas, lo podría ser únicamente por el discurso que incluyó como cierre de esta cinta, sus palabras movieron fibras en todo el mundo, tenía algo por decir y decidió romper el silencio para decirlo, aunque eso le costara el exilio.

 

Por Patricia Bañuelos

Escrito por Patricia Bañuelos

Mexicana renegada, pero con esperanza, sibarita clasemediera con ínfulas de escritora. De corazón cinéfilo y alma gourmet. "Como y luego existo".

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