Scarface: Presionando hasta el límite

Scarface: Presionando hasta el límiteScarface es lo que suele llamarse una película de culto, algunos de sus motivos y escenas se han convertido en referentes obligados de la industria. Por aludir someramente a su influencia, pueden citarse ejemplos de apropiación ―bastante consciente― de películas relevantes y bien logradas como Wardogs, American Gangster y la italiana Gomorra. También resultó muy interesante el guiño en la célebre serie Breaking Bad situando a Steven Bauer como don Eladio.

Scarface tiene fuerte presencia en el imaginario colectivo, en los entornos más variados, como muestra, están también las referencias del luchador mexicoamericano Eddie Guerrero. De mucho mayor actualidad la noticia de otro mexicano ahora asociado con Tony Montana: un remake de la cinta ha sido anunciado y se ha referido a Diego Luna como su protagonista.

Asimismo, la banda sonora de la película ha ayudado a perpetrar la influencia de este clásico, allí Giorgio Moroder delinea esa estética musical tan atrayente hoy en día para músicos como Kavinsky o Lazerhawk, y cuyo influjo ha acuñado todo un género. Seguramente aquellas discotecas a las que se alude en “Giorgio by Moroder” no distan mucho del club Babylon.

Scarface: Presionando hasta el límite

Es difícil desestimar el íncipit del film, el cual puede auspiciar tematizaciones de fuerte carga política. Empero, recurriré a mi primera y algo nebulosa experiencia con Scarface, donde ni siquiera había reparado en tales circunstancias. Simplemente recordaba la historia de un tipo malo ―no tan malo― que dispara a cualquiera que lo obstaculice en la consecución de sus objetivos y que al final paga el precio por una ambición “sin límites”.

Suspendiendo por un momento las implicaciones políticas y morales del texto, quiero observar cierta cercanía de Montana con la famosa, en el siglo XIX, novela de aventuras (que ha dado tantas bases al género cinematográfico “de acción”), sobre todo en su dispositivo de búsqueda, primeras pruebas, tensión ascendente e ininterrumpida, prueba y recompensa finales. Todo ello particularmente si pensamos la película dividida en dos, cuyo primer “volumen” finaliza con la muerte de Frank López y la perspectiva del zepelín.

Como un ejemplo: luego del asalto de los hombres de Frank, Tony liquida a los agresores y escapa de la trampa o, mejor dicho, supera su última prueba, el obstáculo final. Allí López comete el gran error de dar un pretexto a Montana para este enfrentamiento, pues, aunque a todas luces antihéroe, la lealtad está en lo más alto de su escala de valores junto a la osadía ―the balls―.

Scarface: Presionando hasta el límite

Los conflictos en Scarface no suelen ser producto de un concienzudo plan, tampoco están pautados por una sed de venganza estoicamente contenida hasta el día de su satisfacción, como ocurre al personaje de Al Pacino en The Godfather, por el contrario, son más similares a una fugaz trifulca entre marineros, como aquéllas que ocurren en The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket, donde la muerte interroga a cada instante a los protagonistas, cuestionando si sus deseos de vivir son tan fuertes como para superar el peligro y extender la narración.

A esa constante prueba de fuego, más o menos producto de una vinculación con la novela de aventuras y el roman-feuilleton, debe añadirse, como factor determinante, la relación de Elvira y Tony.

Montana entra en el palacete de López, como premio por la exitosa misión con los colombianos encabezados por The Toad, a pesar de las severas complicaciones. Allí se siente a sus anchas, bebiendo, en el confort de aquella residencia donde el capo seduce su imaginación con el lujo que pronto será también suyo. Sin embargo, aquella visión que captura quizá más poderosamente a Montana es la aparición de una hermosa mujer que desciende ―como de las escalinatas de un palacio― hasta él, enfundada en un suntuoso vestido verde esmeralda. Tal aparición parece llevar impregnado el buqué de una promesa tácita, la más importante, aunque, para que se lleve a cabo su concreción, Tony se vea en la encrucijada de quebrantar las sagradas y homéricas leyes de la hospitalidad. El propio Montana señala la importancia de este pasaje en su posterior encuentro con Elvira en la piscina, donde hace constar el lugar que ocupó en su pensamiento desde su primera coincidencia. Empero, al concluir el enfrentamiento con López, queda también ese matiz de ambigüedad que a veces coloca al personaje de Michelle Pfeiffer más que como amada en la categoría de trofeo e índice de triunfo. Tal vez para resolver la interrogante habrá que situarse tras el rastro de indicios como el siguiente: en el videojuego Scarface: The World Is Yours, cuando Tony contesta el teléfono pregunta recurrentemente si Elvira lo ha llamado, apuntando a que realmente es ese hombre que “incluso mintiendo siempre dice la verdad”.

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Como en cualquier gran obra ningún detalle es gratuito; junto a autos realmente icónicos del entorno de los años 80, como el Ferrari ―quizá particularmente el Testarossa― están los Porsche. Uno de ellos, por ejemplo, obsesiona a Patrick Bateman, aunque en específico dentro de la novela y no así en la versión cinematográfica de American Psycho, concretamente el Porsche 911. Habrá que recordar la sorpresa mayúscula de Elvie cuando Montana quiere llevársela en su Cadillac tapizado con vestiduras de tigre y termina por comprar un Porsche. Un lugar común es el intento del protagonista por impresionar a la mujer hermosa de quien está prendado. Cuando pienso en este tópico acude a mi mente el inicio de Un grand homme de province à Paris (parte segunda de Illusions perdues) de Honoré de Balzac, allí Lucien de Rubempré ―el hombre en cuestión llegado a la ciudad― tiene una cita con madame de Bargeton, donde será presentado ante el gran mundo parisino, situación que determinará el éxito o el fracaso de sus amores. Como Lucien, Tony es un hombre talentoso, pero poco versado en cuanto al gusto y las maneras sociales del entorno que pretende penetrar. El Cadillac y su rimbombante decoración son el equivalente del atavío más o menos costoso pero demodé, tosco y torpemente elegido con el cual se presenta el poeta ante su amada, la hermosa e influyente prima de ella ―madame d’Espard― y los petimetres más conspicuos del París de la Comédie humaine.

Scarface: Presionando hasta el límite

Para cerrar, retomo el núcleo de todas las peripecias de Montana: la ambición sin límites, que es justamente el motivo que tiende el punto trágico y de “normalización” que clausura la película ante un entorno rarificado por conductas que se alejan del común y subvierten los órdenes establecidos para, de golpe, convertir en realidad las salvajes fantasías del protagonista.

 

Por Diego Estévez

 

Written by Diego Estévez

Tradujo 'La corrupción del alma' de Italo Svevo (UNAM, 2016). Miembro del colectivo Poetaretusei432, afincado en Siracusa. Forma parte del equipo editorial de la revista Senderos Filológicos del IIFL.

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